Para usted, mi lector:

"Y los ángeles etéreos rehuyeron a sus hermanos abismales y con hipócrita agonía arrancaron sus extremidades anadeantes y consumieron sus esperanzas de llegar algún día al lugar del que fueron echados como despojo divino. Lo bueno es que, aún en el fondo, pueden haber momentos plácidos."

domingo, 5 de febrero de 2012

Un mundo no mágico.


Vivo en un país curioso, perfecto en cada detalle. Junto al mar y la montaña y con planicies y valles. Es curvo y lleno de caminos convergentes y extensos; de tierra, gravilla y piedras los he hallado. Todos llevan a algún lugar. Tiene además fronteras que hacen mella consigo mismas. Supongo que más que un país es un mundo, un mundo con alma de mujer.

Hay pequeños detalles casi imperceptibles: las flores no son nunca de un solo color; debajo de sus pétalos puedes hallar nuevos tonos de colores secretos. Existe un solo sol que crea la más hermosa armonía cromática en un cielo que es a la vez claro y oscuro. Y las estrellas, ¡Oh, divinos héroes de piratas y corsarios!, ocultas e imposibles de ocultar, su luz es madura y sabia. El mar es el espejo en el que el universo se observa y he visto a la luna contemplarse coqueta. Los detalles son tan bellos que cuando duermo los contemplo nuevamente, en cercana calma, como una grabación congelada.

Pero hablemos de otros seres: millones, billones, criaturas con formas tan diversas y complejas, y tan simples aveces, como llaves únicas para una puerta nueva. Es un pasillo infinito de entradas en una armonía supranatural. Dudo que podamos entrar en todas, pero tal vez deba ser así. ¡Y lo mejor! La chispa de la vida, la semilla de un mundo que es en esencia eso, es absoluta e intransferible; como un mensaje increíblemente viejo que una vez escuchaste y que años más tarde llegas a comprender.

Todos los días tienen algo parecido: leyes físicas que se repiten, colores similares y distintos, dolores posibles y extintos, álbumes de recuerdo inmateriales, sonatas escritas y descritas, y música y poesía y canciones que no se escuchan. Y me pierdo tratando de describir todo lo bello, infinitamente bello.

Cada día llega la noche en un pestañeo fugaz, como una burla de la muerte y el fin. ¿Por qué no serán los días más largos? ¿Por qué no será mi vida más larga? ¿Será suficiente una vida dedicada a lo infinitamente bello o harán falta 2... 3... millones... billones de hombres como yo, capaces de ver lo que se oculta en la esquina olvidada del ojo: la magia de lo no mágico; la suerte de lo eterno.

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