Para usted, mi lector:

"Y los ángeles etéreos rehuyeron a sus hermanos abismales y con hipócrita agonía arrancaron sus extremidades anadeantes y consumieron sus esperanzas de llegar algún día al lugar del que fueron echados como despojo divino. Lo bueno es que, aún en el fondo, pueden haber momentos plácidos."

jueves, 30 de julio de 2009

Publicarlo como un estornudo.



A veces a uno le entran ganas de publicarlo con popas y platillos. Necesidad que entra por la nariz y se invoca como un estornudo. Nace polémico, incansable y tozudo, el deseo perpetuo de dedicar esta entrada a ti. Y no es ningún secreto que para mí eres el sur cálido, el este ventoso, el oeste desértico y el norte claro. Que pertenecemos a la misma estirpe, una estirpe casi extinta. Que somos nativos del destino y seguidores incansables de la justicia. Tú eres la mujer que más admiro y la más grande y hermosa sonrisa bajo este sol y muchos otros.

"No te me pierdas nunca", te dije una vez. "Guíame siempre" contestaste, y no fue ni es necesaria ninguna palabra más.

jueves, 23 de julio de 2009

Pero todo sigue igual.


No se queman todas las hojas del acebo,
y la vida sigue igual.
No se estrellan de lleno los cristales contra el suelo,
y la vida sigue igual.
No se derrama sangre, sólo lágrimas,
y la vida sigue igual.
No se pierde nada, no se gana nada. No se sueña alcanzar nada.
y la vida sigue igual.
No hay proverbio que nos ayude ni conocimiento que comprenda,
por eso la vida sigue igual.
Cuatro mil años de sabiduría aún desconocen
el por qué todo sigue igual.

Hay buenas intenciones, de ellas está llena el mundo,
y todo sigue igual.
Hay estaciones y flores, nieve pura y campos multicolores, todos distintos,
pero ante la generalidad, todos son iguales.
Hubo honor, sacrificio, fuertes brazos que tiraron de unas cadenas por demás ciclópeas.
Tiraron hasta que no quedó nada de ellos que pudiera realizar la hazaña.
Pero todo continuó igual.
Aún así, conociendo la hermética condición que rige al hombre, existen tontos, como yo,
que sueñan con que lo que es tan simple deje de tomarse por complicado.
Nadie me engaña, que todo sea como debe ser no es imposible, es simplemente inconsistente.
Materializar una hazaña de esta magnitud requiere mucho menos
que halar cadenas congeladas en el tiempo,
que derramar sangre y cristales;
mucho menos que quemar todas las hojas de nuestras almas.

Cambiar aquello que debe ser cambiado sólo requiere una cosa. La firme e inquebrantable decisión de cambiarlo con tus propias manos.
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