Para usted, mi lector:

"Y los ángeles etéreos rehuyeron a sus hermanos abismales y con hipócrita agonía arrancaron sus extremidades anadeantes y consumieron sus esperanzas de llegar algún día al lugar del que fueron echados como despojo divino. Lo bueno es que, aún en el fondo, pueden haber momentos plácidos."

martes, 19 de mayo de 2009

Y la encuesta termina.


¿Por qué la sociedad dominicana está desbordada de mamones?

Trujillo mató a todos los cojonudos.

1 (4%)

Balaguer mató a todos los cojonudos.

1 (4%)

El dinero descojonó a los cojonudos.

3 (13%)

Todas las anteriores.

18 (78%)



Así terminó tan trascendente encuesta en la que, sin importar su resultado, cumplía un cometido más exacto. En la sociedad moderna dominicana, la reminiscencia de sus gobernantes trasciende las barreras de la insignificante muerte. Sin importar en donde escudriñes, observes, transites, a quienes frecuentes, si eres pobre, clase A o miembro de la casi extinta clase media; todos somos víctimas de lo que el pseudogeneralísimo Rafael Leonidas Trujillo y el absolutamente falso padre de la democracia moderna, Joaquín Balaguer, hicieron de nuestra tierra: agua sucia, fango y espíritus mustios. El hombre dominicano fue ganado de todo tipo (porcino, caprino, vacuno...), sacrificables cabezas que aún hoy son tratados como tal cosa, sólo que bajo una gran cháchara llamada Neoliberalismo, enemigo número uno de cualquier patria, vasallo incondicional de cerdos rubios y verdes.

Trujillo sodomizó a la libertad y la corrompió. Diseñó en la mente dominicana una falacia ridícula de sumisión y obediencia, no hacia la patria, sino hacia él mismo y sus viles fines. Desde entonces todo dominicano mal educado es esclavo del león vigilante que Trujillo plantó en sus corazones. Todos quieren ser generalísimos de sus insignificantes vidas y sus patéticas situaciones cotidianas.

Pero ese fue sólo el comienzo.

Balaguer fue el hijo pródigo, el león mismo, apoyado, como todos los malditos, por esos cerdos rubios y verdes. Y como si fuera poca cosa, este león dedicó su entera disposición a contruir, regalar fariséicas ofrendas al pueblo y masacrar la corrupta y ultrajada libertad que nos quedaba. Luego de estos dos monstruos, cualquiera piensa que ya era suficiente para que los conceptos de justicia, libertad, solidaridad, patriotismo y orden fueron eternamente corrompidos, para bien o para mal.

Pero aún faltaba más.

El factor alpha, la revolución industrial que inició el proceso de alienación del hombre. El consumismo, el mercado competitivo, la publicidad. Sin saberlo, el hombre primitivizó la sociedad civilizada y transformó todo a una antigua y destructiva filosofía: La supervivencia del más fuerte. Pero no del más fuerte bajo los estamentos de la racionalidad, la espiritualidad, la verdad, la libertad, la inteligencia... sino la fuerza vil e hipócrita de la audacia, el engaño y la mentira.

El dinero es Satanás, es Azazel, es Mephistófeles del hombre moderno y su humanamente hecho sendero de vacio nihilismo.

Si has llegado hasta aquí, muchas gracias por leer esta modestamente confeccionada crítica. Espero y mis sentencias no parezcan muy sensacionalistas, pero creo que cualquier persona con cesos podría llegar a objetivos similares. La única manera de acabar con los leones es con la unión de esos cesos, olvidando la ridícula filosofía de la audacia y la ganancia fácil para luchar por algo superior y sublime, porque no hay mayor pena para alguien justo que la impotencia, el saber que nada puede hacer por su tierra, y peor aún, cuando las soluciones son tan sencillas, es triste ver como enredan sus extremos y crean un terrible nudo de confusión.

Martes, 19 de mayo de 2009. Costelo Landró.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Para mi linda camarera I


3er lugar concurso nacional de talleristas (Organizado por el brillante escritor dominicano William Mejía).

Por un momento creí escuchar el eco lacónico de tu mensaje añorado, pero resultó ser el vestigio onírico de mi delirio consiente… De un vaivén de las olas otoñales. Del sopor de entelequias fantasmales. De la bruma de estos sueños vigilantes nació el suspiro de tu llamado.


Tráenos otra ronda, mi linda camarera, ¿es acaso ésta la primera vez que te vi? No es que mi persona pase mucho por aquí, pero la tierra de sus zapatos, el sudor de su barbilla, la sombra imponente de su nariz europea, no me hubieran sido indiferentes. ¿Acaso atiende a alguien más? Porque si es posible quisiera acapararla para mí, y no tiene que mal entender mis palabras, nada raro he de proponer, solo deseo descansar un poco a la sombra que su alma destila, como un gran manzano o un cedro errante. Le ofrezco asiento, pero le advierto que sólo lo ofrezco mientras cumpla el requisito de su cercanía. Tres centímetros como más entre nuestras posaderas, ¿será descarada mi oferta? Pero es que con tesoros como usted uno olvida los modales… no siempre, sólo a veces, cuando su mirada nos agarra de improvisto, no crea que mis modales implotaron al verle, más bien descansan unos segundos para volver y ayudarme a complacerla. Mi linda camarera, ¿cuidaría usted mi vida? En cambio yo le ofrezco velar sus sueños. Tengo una espada guardada en el armario, ¿o debería decir mi armería?, invisible a ojos ordinarios, pero clara y brillante para usted y para mí. Con ella destruyo al mero atisbo de oscuridad que se pose sobre su cien, en busca del néctar de sus labios que reclamo, para siempre, mío. Le dejo su propina, se la ha ganado, pero espero una promesa, si no acepta mi propuesta, al menos quédese en mí hasta que yo muera… tal vez sea pronto, no lo sé, ¿me complace usted esta vez? Pero en la más abstracta alusión, la taberna ya no estaba, será que me he vuelto loco o que me ha rechazado la ingrata, lo que sé es que el gato que no tengo me ladra en la puerta y los peces de arco-iris maldicen mi nombre en alemán, no parece nada real, pero si esto es un sueño, mi camarera ¿dónde está? ¿Se me habrá olvidado en el diván? Pero que tonto, si me la guardé en el bolsillo, excusen mi falta de cordura.

Dedicado a la señorita Alejandra, persona que fue muy importante y que también fue la linda camarera que inspiró en otros tiempos esta poesía-relato. También aprovecharé la oportunidad y se lo dedicaré a sus padres, personas totalmente geniales que se merecen todas las lisonjas que me conozca y las que me quedan por conocer. Y la foto no es mía, por cierto, es de un fotógrafo de Aragon, la chica es de pamplona y se me hizo adecuada, hasta para la dedicatoria.


Lo fácil no es lindo (Disertación).

La vida es dura, pero siempre en estos momentos de pruebas a nuestra fortaleza recuerdo una frase de la ídola, filósofa y guía espiritual, Mafalda: "La vida es linda, lo que pasa es que algunos confunden lindo con fácil."

Ninguna voluntad que no conozca las bondades y penurias del delirio conciente que es la vida puede considerarse fuerte o trascendente. Los hombres, por el tajante hecho de ser esclavos de la falta de movimiento, no pueden entender la caída de las hojas sin aventarse desde un árbol hacia la tierra, que será su último hogar.

En todo caso, un brindis para los fuertes, para los incorruptibles, para los buenos padres y madres y a los niños que miran más allá de las risibles fronteras de sus egos. Regocíjense, pues sus acciones son admiradas por mí y por cualquier noble lector que decida unirse a nuestra celebración. Su celo vivirá, sea en la reproducción constante de los que romperan con esta cultura de odio y repulsión o por las historias mitológicas que se contarán como fantásticas en un futuro no tan distante de guerras y ausencia de amor por la vida.

Martes, 12 de mayo de 2009. Costelo Landró

miércoles, 6 de mayo de 2009

Dibujo- Morfeo, personificación del sueño.



Primer dibujo que posteo en este blog. Lo realicé el día de ayer mientras viajabamos a resolver cosas de adultos (es decir, insensatas, pero obligatorias). El hombre debe dar gracias de que en los momentos más oscuros, la llama de la creación artística refulge como la esperanza.

Morfeo, Oneiros, el Formador, El Príncipe de las Historias, y muy raramente, El Arenero. Es la deidad antropomórfica de los sueños. Perteneciente al comic The Sandman, creado por Neil Gaiman en 1988.

Miércoles, 6 de Mayo de 2009. Costelo Landró

martes, 5 de mayo de 2009

De la misma manera



-Siempre terminas las historias de la misma manera. Es un error típico de los nuevos escritores o de los muy viejos, pero debes intentar dar un valor individual a tu obra. Una identidad a esto, que es lo que heredará tu voluntad cuando ya no estés aquí.

-No es como si te hubiera preguntado, es más, estoy seguro de no haberlo hecho.- Respondió el escritor, con su ego herido en los brazos, la espada desenvainada y el orgullo izado en tegumento de su propia y débil alma de escritor. El crítico obviamente no sabe de lo que habla, y su saliva es combustible para la incineración futura de su obra.

-No lo decía con intenciones mordaces, amigo escritor -dijo el crítico. -Sólo intento guiar tu noble espíritu hacia el camino noble, fuera de los errores de los que como tú intentaron el sublime oficio de la escritura. Nunca mis intenciones han sido tan puras, te lo aseguro.

-No me creo una palabra. Pues todo arte nace del hombre imperfecto y refleja por tanto la imperfección del hombre. Esto se vuelve una trinidad, dependiente entonces una de otra, arte, hombre e imperfección, formando uno solo y de ahí nacemos nosotros, torpes hijos de generaciones y épocas, nadando en aguas ya exploradas, sumergiéndonos en busca de una minúscula gota que no haya sido ya atisbada por nuestros antepasados y, sobre todo, buscándonos a nosotros mismos dentro de esa marejada gris que llamas sublime oficio. No hay sendero más abrupto que este y no hay atajos hacia donde conduce. Pero el mundo es salvo de la extinción de estos peregrinos, porque sea donde sea, bajo el sol opresivo, no hay necesidad más pura del espíritu que la de plasmar el papel lo que el alma llora. Nacemos, vivimos y morimos por este noble oficio de multiplicar la belleza y compartir aquella quimérica realidad individual que engalana la alienada realidad moderna de la que todos los vivos somos víctimas. Y ¿No es verdad, amigo crítico, que usted, como yo, desearía entregarse a los grises brazos de Morfeo y olvidar la existencia de la inútil sociedad humana, su democracia, su comunismo, su vulgar dinero y su falta de fe?

El crítico guardó silencio -Sí. -Dijo al final.- Nada es más frío que una mentira forzada, esa mentira que es la vida diaria en las grandes y podridas ciudades. -Y ambos, el escritor y el crítico, se dieron la mano y se abrazaron, porque habían encontrado aquello que tenía en común. Pero no pasó mucho para que el crítico tomara un afilado lápiz y se quitara la vida clavándo dicha arma, física y artística, en su delgado y pálido cuello. Mientras, el escritor lloraba por la muerte de su nuevo amigo. Él no lo entendía, por qué se había quitado la vida... Y luego lo supo. -Cierto, esta también es una de mis historias.

Fin


Lunes 04 de Mayo de 2009. Costelo Landró.

viernes, 1 de mayo de 2009

Para siempre

Adiós para siempre dijo, mientras se cerraba la puerta y escuché sus pasos desvanecerse por el sepulcral pasillo. Nadie escuchó esas palabras, sólo yo y las paredes; yo y los muebles; yo y el sucio de las horribles cortinas. El silencio y la soledad jugaban poker sobre mi mesa de estar, ahora carcomida por las polillas, o algo así. Lo curioso de la mesa es que, según el protervo vendedor de la mueblería, nos duraría “toda la vida”. Decía, con gran entusiasmo y renuencia: “Esta preciosa mesa de la más fina caoba fue traída exclusivamente desde España. Es un objeto de colección. El artista que le construyó con sus propias manos falleció hace poco tiempo y les aseguro que le durará toda la vida.” Me estafaron, y ahora mi mesa de toda la vida se pudre en el estar de mi apartamento con lo que me queda de ilusiones, de ignorancia infantil y de razón para vivir.

Ahora camino por el recinto de mi apartamento. Trazo tenues elipses que se pierden en la infinidad con mi trayectoria, incierta para mí, como para las ratas que habitan mi edificio, denominación que incluye a los animales y a las bestias de mis vecinos. Su hijo cree que es músico, ha de tener más o menos nueve años de edad, y no deja el jolgorio en ninguna hora del día, como si viviera una feria sobre tu cabeza. La excepción se produce sólo a estas umbrías horas de la noche, donde sus padres, doña perfecta y don capricho, le han de haber obligado a dormir en su repugnante habitación, tan llena de juguetes, sin duda, para dar uno a cada niño desahuciado en esta isla maltrecha.

Me acerco a la ventana ensombrecida, esa que porta orgullosa la horrible cortina. Miro a través de ella y, ¡Sorpresa! Veo un costado sin ventanas de la enorme vivienda contigua, no hay espectáculo más deprimente e insípido, podría incluso cobrar por él. “La ventana averiada” “La pesadilla de todo vendedor de Bienes Raíces” “El horror de quien se entretiene mirando a la calle o al cielo azul” y lo mejor, yo soy uno de esos.

Adiós para siempre, no puedo olvidarlo, resuena vívido como un disparo, pero actúa como el veneno. Adiós, al decirlo, al escucharlo, siempre se considera el reencuentro. Pero esta vez el adiós se abraza, clava sus garras torcidas en un escueto y negro para siempre.

Mi corazón late con fuerza, o forzado, es algo que no defino, pero sé que late, lo sé. Miro a la pared de la vivienda contigua y desearía moverlo de ahí y buscar consuelo en las estrellas, pero ellas no acudirán a mí, nada lo hará, nada podrá llegar. Miro hacia arriba sacando mi cabeza por la ventana, veo el estrecho sendero entre las edificaciones y por fin, observo el cielo. Decepción, solo diviso grises nubes de invierno que me recuerdan lo que nunca tuve, lo que siempre la vida me negó y yo aceptaba con resignación. ¡No más! Deseo luz de las estrellas, deseo que la naturaleza me entregue su luz bella, la luz de la esperanza. Desprecio estas luces creadas por el hombre, desprecio su repugnante luz amarilla, esa luz que es desperdicio del demonio. Tomo mi zapato y rompo todos los bombillos con un golpe de la suela. Victoria, vencí la obra del demonio.

Quedo remilgado en la oscuridad, absuelto, siento mi corazón más tranquilo. Me siento sobre mi mesa de toda la vida y las patas aúllan de dolor, las ignoro, ya no importan más, solo importa esta libertad efímera, esta paz rauda, falaz quizás, tristemente ambigua.


En ese momento percibo la tonada de una canción que no identifico, la tarareo, sé que la conozco, sé que me gusta, sé que es de aquellas épocas arcanas en las que fui feliz. Todo llega a mí en un pestañear y recuerdo. Recuerdo que se inspiraba en la leyenda de Ícaro. Dédalos, el científico y su hijo, el buen Ícaro. Ícaro el que voló cautivado y llegó tan cerca del sol, le envidio. Canto la canción, “Vuela en tu rumbo, como un águila. Vuela tan alto como el sol.” La luz del sol debió cubrirle, debió sentirse libre. “Vuela en tu rumbo, como un águila, vuela y toca el sol.” Debió sentirlo entre sus manos y luego caer, caer… hacia el infinito.

Saco mi encendedor de mi bolsillo, no fumo, sólo me gusta ver la llama arder. Lo abro, enciendo y observo la llama. Debo ser realmente libre, debo ser realmente valiente. Observo la amalgama de colores de la flama, esa área donde la mecha arde. Libertad, la palabra resuena en mi cabeza. Aprieto mi mano en el encendedor. “Vuela y toca el sol.” Sé lo que tengo que hacer, sé como ser libre, lo sé… ¿Lo sé? Cierro mis ojos y aún observo la llama, el efecto óptico perdura, mantengo el encendedor con la llama alta, mis ojos siguen cerrados. Ya no siento el encendedor en mi mano, el efecto óptico resplandece cada vez más. Siento el sol, lo toco, soy libre. Abro mis ojos y veo como los mustios muebles arden, las horribles cortinas por primera vez lucen hermosas, refulgen con una maravillosa danza, pero la pútrida mesa sigue allí, entre el fuego. “Para toda la vida”, ¡Su madre! Arranco la cortina y se la arrojo con rapidez. Todo arde, incluso yo. Adiós para siempre, ahora las palabras tienen sentido, te fuiste y creíste haberme arrebatado la libertad, todo para darme cuenta que nunca la tuve hasta ahora. “Vuela y toca el sol.” Ahora yo soy el sol, ardo, doy luz, doy calor, yo soy vida, soy la verdad, ardo, ardo más. Ahora conozco la genuina bondad. El silencio y la soledad giran a mi alrededor, junto a la locura, la fe, la belleza, el temor, el sonido, la razón y el amor. Son mis planetas, son yo, ardo, ardo más. Mi cuerpo deja de responder, la luz me cubre, me besa, me ama… y todo acaba.


Fin

Viernes, 1 de mayo de 2009. Costelo Landró.
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