Para usted, mi lector:

"Y los ángeles etéreos rehuyeron a sus hermanos abismales y con hipócrita agonía arrancaron sus extremidades anadeantes y consumieron sus esperanzas de llegar algún día al lugar del que fueron echados como despojo divino. Lo bueno es que, aún en el fondo, pueden haber momentos plácidos."

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Lo cotidiano


No conocía el por qué, pero todos los sábados, cuando el sol caía y se ocultaba nuevamente para dar vida a otras tierras lejanas y desconocidas que estaban sumerjidas en tinieblas ominosamente densas, del cielo caían diminutos diamantes que creaban un espectáculo impresionante cuando la luz anaranjada del alba atravesaba los prismáticos contornos de las gemas hasta que Apolo se perdía y el espectáculo acababa. Aún así, nadie parecía tomar en cuenta este evento, pues era cosa de todas las semanas, cotidiano, y por tanto ordinario. Los basureros, con máquinas bastante rústicas, recogían todas las piedrecillas para lanzarlas en algún hueco o sepultarlas donde no estorbaran. Nadie las veía como más que una impetuosa broma de la naturaleza, un imperioso designio de algo sobrehumano que parecía querer agujerar todos sus techos y sus cabezas.

Eran gemas muy preciosas, me dije, y pensé que en otras circunstancias, tal vez en otro mundo parecido a éste donde los diamantes no caigan del cielo con cronometrada sincronía, deben ser apreciados como míticas gemas y deseadas por todos sus seres, tan solo por la magia que produce la luz cuando atraviesa uno de sus pulidos lados y emerge por otro. Así como el carbón, tan opaco, es tesoro y prenda de todo habitante de esta tierra, el diamante, opuesto en todo sentido, pero compuestos del mismo elemento, debe ser algo maravilloso en alguna parte. Pero es cierto que aquello que se tiene en abundancia pasa desapercibido.

Me pregunto si en algún otro mundo el agua, tesoro de tesoros, será cotidiana, porque si hay alguno, me gustaría vivir allí.

En un mundo sin maldad


Lo conocía desde hace mucho tiempo, como sucedía siempre en este mundo. Compartía con él innumerables actividades. Un día fui a la preciosa casa de él, en lo profundo del bosque. El trayecto era difícil, pero en este mundo eso no importaba. Lo desconocido no parecía terrible donde nadie esconde nada.

Al llegar, compartimos unos juegos. La suerte estaba de mi lado y vencí de maneras casi sospechosas, pero juro no haber hecho trampas (mucho menos sabiendo en qué clase de mundo vivimos, donde la palabra trampa sólo se utiliza para los horribles artilugios con los que se capturan las fieras) aunque mi amigo parecío alterarse. Sacó cada uno de los juegos que poseía de sus empaques y los lanzó precipidamente al suelo, preparando cada uno para una revancha vengativa, cada vez más personal. Incluso intentó ganar retándome en juegos de los que yo no tenía conocimiento, con resultados arbitrarios.

Cenamos algo delicioso preparado por su amable madre, esa que se parecía tanto a la mía. Su padre también nos acompañó. Luego de la cena debía marcharme.

Tenía que volver a casa solo, a través del espeso bosque. Sabía que no tenía de qué preocuparse, Nadie tenía por qué. Nisiquiera cuando escuché el eco de unas pisadas suaves que parecían seguirme. Sabía que todo estaba bien.

Caminé alegremente en las sombras...
Nunca llegué a casa.

Los Pequeños Locos Lunáticos (Crazy Little Lunatics)



Crazy Little Lunatics es un proyecto comercial, gráfico y literario que he tenido en mente por mucho tiempo y que pienso, puede gustar a muchos si se dan las condiciones para su sano desarrollo. Por esto cuelgo este modesto texto de unos meses de edad aquí, para obligarme a continuar y para dar el primer paso, además, a mi intención inicial al crear este blog. Mi idea era la de crear una historia y, día a día, escribir un poco más de ella, para así crear un concepto más intenso para mis lectores y para mí mismo.

La vida actual es un gran engranaje destinado hacia la exterminación de la mente humana; yo, humano al fin, presento aquí mis blasones, con los que trataré de defender este castillo hasta la muerte u otro fin aún peor.




1. Neverland

El reformatorio para enfermedades mentales Neverland es conocido, más que como un lugar para la eliminación de patrones psicopáticos del comportamiento, como un asilo vacacional en el que los enfermos ocupantes derrochan el tiempo de manera ociosa en actividades raramente útiles o lucrativas. Los doctores son escasos y los enfermos variados y coloridos, las medicinas son huecos placebos y todo se rige bajo la mano de hierro del doctor Heriberto Schwok, director del centro psiquiátrico y, además, aburrido mercader de profesión.

Pero, a decir verdad, no siempre fue así para el venerable doctor Schwok, comenzó su carrera como un joven ilusionado, talentoso, lleno de grandes ideas, siendo demasiado amenazante para personas que no debía, y con su suerte truncada por otros, apenas pudo fundar este inútil centro psiquiátrico. Sus ilusiones de conquistar el mundo, junto al mundo de la mente, fueron mermando con los años y la conformidad se instaló definitivamente en la habitación de sus sueños.

Cada inquilino de Neverland presentaba características portentosamente definidas, como si más que un hospital, fuera un zoológico, una enciclopedia viva de enfermedades psiquiátricas, pavoneándose y dando muestra de un positivo avance… de la enfermedad, claro está. Nombrar y describir cada uno de estos casos será una tarea que sopesaré, y supongo, emprenderé para la correcta comprensión de los lectores.

Vanessa presenta un caso muy particular, dentro de las paredes diáfanas de su mente se ha formado la idea de que ella, en su totalidad, no es un ser humano, sino, más bien, una frambuesa.

Lucy es la paranoica de la casa, rubia, histérica y obsesionada con el fin próximo del mundo que, cada semana, tiene una nueva y preocupante causa. Hace alrededor de 6 semanas el fin se presentaba a través de los alienígenas que vendrían y exterminarían al raza humana. Hoy se terminará debido a que, en Haití, los espíritus malignos llamados a través de la magia “vudú” se encontraban a punto de despertar de su letargo y harían arder todas las casas humanas y se alimentarían de sus vísceras. En definitiva, ya sean ondas calóricas provenientes del espacio que asarán el mundo como un pavo al horno o salchichas mutantes provenientes de los alcantarillados que nos atragantarán con toxinas mefíticas hasta matarnos, su maniática creación de histeria colectiva es un derroche imaginativo nunca antes visto.

Pero no todos son pequeños histéricos inofensivos. Un pequeño grupo se encuentra en este asilo a razón de sus crímenes. De el análisis que desenlazó la ley por esa falta a sus normas y la imposibilidad de declararlos en sus cabales al cometer tal acto nació ese pequeño amasijo informe de demencia volátil.

La primera adquisición de este tipo fue una dama de negra cabellera y perturbada sonrisa que, según se leía en la hoja de ingreso al hospital psiquiátrico, había presentado complejos agresivos desde temprana edad, mutilando a sus muñecos y envolviéndolos con cuerdas de maneras que solo una mente perversa podría haber imaginado. No pasó mucho tiempo para que su actitud imperativa y su agresividad fueran percatados por su familia, los que sencillamente, y desconociendo el daño que luego acarrearía tal decisión, tomaron aquellas señales como simples juegos y esperaron que con la edad su actitud mejorara para bien. Los años pasaron y sus actos de torturan pasaron de muñecos a pequeños animales, y de allí, desde el punto de vista científico, llegaría hasta lo más temido. Logró raptar a un niño de su escuela y someterlo a penosas torturas hasta casi matarlo… a cosquillas, llenando su pequeño cuerpo de pellizcos, mordidas y arañazos. Por la vergüenza pública que acarrearía dar a conocer aquel hecho el muchacho no tuvo intenciones de hacer aquello público y las familias lo tomaron como un inocente acto infantil. Lo que desconocían era que ése era solo el comienzo. La búsqueda para satisfacer sus necesidades de tortura fue perpetua y lentamente evolucionaba hacia una psicopatía ominosamente

Un día llegó de la escuela un poco tarde con una gran caja de madera, nadie se preguntó qué traía en aquella raída caja. Entró a su cuarto raudamente y abrió su regalo excepcional: Una gran hacha, previamente afilada, que había pedido a través del internet gracias a unos ahorros que recolectó a base de astutos ayunos. El hacha refulgía hermosamente bajo la luz rojiza que incurría en su habitación por la ventana translucida, y limpia. Su locura había llegado ya al fondo del abismo de su alma oscura y estaba a punto de reventar el débil recipiente de aquel demonio sediento de muerte. Despedazó con el hacha la avejentada caja en la que llegó a sus manos y luego repitió, una y otra vez, la misma acción con toda su familia, sus tres perros, el gato de su hermana y algunos vecinos que, ignorantemente, pasaban cerca de aquella casa mancillada para siempre con los sucesos de ese fatídico día. Tenía apenas 15 años.

Ya han pasado siete años desde entonces y aquella criatura sigue paseándose por el patio de recreo de este sanatorio mental, con el sol de abril iluminándolo todo, llevando aún esa perturbada sonrisa y aquellos ojos vacios que desconocen la piedad.


Continuará...
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Un ángel

Pido disculpas a mis lectores por mi absolutamente ridícula velocidad de actualización. Si fuera por mí, actualizaría dos veces por día, pero supongo que la cabeza no me da abasto, aún siendo tan grande como ya és.

No suelo hablar de mí en mi blog, suelo mostrar partes de mí, cosa que es imposible de evitar cuando alguien lee algo que uno escribe. No me gusta hablar de mí, me gusta abrir ligeramente la puerta y esperar, tal vez como Castel, algún alma que pueda ver. Velpister, mi querido amigo artista, me ha alegrado muchas veces al pararse repentínamente frente a la puerta y abrirla.

Hace unos días conocí a través de mi mujer el nuevo video musical de Within Temptation, grupo de gothic metal que sobresale de entre el poblado género por la voz peculiar de la cantante y sus líricas sobrecogedoramente buenas. A través del tiempo he comprendido que los géneros musicales, cuando se habla de buena música, son futiles y no logran captar la esencia de las cosas, más bien la limitan a extremos imponderables. Me parece ridículo que alguien exprese "Ella no se ve gótica" o alguna de esas cerradas oraciones cuyo autor desconoce en verdad que tan cerrado tiene la mente para pensar tal disparate. La buena música no tiene prendas específicas, ni estilos, ni peinados, ni modas. La buena música es anacrónica y trascendente.

Pero bien, con la constante moda de "tener la mente abierta" cosa que en general el populacho no comprende y exagera, siempre recuerdo la frase "No tengas la mente tan abierta que se te caigan los cesos", no se puede aceptar todo, permitir todo, como si todo fuera arte, bueno o válido. La verdadera razón del conocimiento está ahí, en el criterio.

Within Temptation suavizó sus guitarras para este tema, en el que se incluye la voz invitada de Chris Jones, cantautor inglés de voz profunda, creando Utopia, una canción que trata sobre el mundo, lo que está mal en él y lo que aquellos que guardamos justicia en nuestros corazones sentimos al respecto. Qué hermoso sería poder cambiar el mundo con una canción.

Comencé a hacer un dibujo y, sin darme cuenta, terminé plasmamdo a un ente muy parecido al sujeto genialmente vestido del video musical de Utopia. Aquí se los dejo:

¿Qué era él? Un ángel, atado de manos, esperando poder ayudar a que esa utopía se haga real.

Sé fuerte, amigo lector, incorruptible. Aunque parezca una utopía, podemos hacer un mundo en el que estemos orgullosos de vivir.


Utopia, por Within Temptation, con Cris Jones.

The burning desire
to live your own free
It shines in the dark
And it grows within me
You’re holding my hand but you dont understand
So where I am going, you wont be in the end
I’m dreaming in colors
Of getting the chance
Of dreaming of trying the perfect romance
The search of the door, to open your mind
In search of the cure of mankind
Help us were drowning
So close up inside
Why does it rain, rain, rain down on utopia?
Why does it have to kill the idea of who we are?
Why does it rain, rain, rain down on utopia?
How will the lights die down, telling us who we are?
Im searching for Answers not given for free
your hurting inside, is there life within me?
You’re holding my hand but you don’t understand
So you’re taking the road all alone in the end
Im dreaming in colors, no boundaries are there
Im dreaming the dream, and Ill sing to share
In search of the door, to open your mind
In search of the cure of mankind
Help us were drowning
So close up inside
Why does it rain, rain, rain down on utopia
Why does it have to kill the idea of who we are?
Why does it rain, rain, rain, down on utopia?
And when the lights die down, telling us who we are
Why does it rain, rain, rain down on utopia
Why does it have to kill the idea of who we are?
Why does it rain, rain, rain down on utopia
And when the lights die down, telling us who we are
Why does it rain?

Y para los que no son muy diestros en la lengua de Shakespeare:

El ardiente deseo
de vivir libremente
brilla en la oscuridad
y crece dentro de mi.
Sostienes mi mano
pero no entiendes,
así que a donde vaya
no estarás al final.
Sueño en colores,
en tener la posibilidad
de soñar que intento
un romance perfecto;
la búsqueda de la puerta
para abrir tu mente,
en búsqueda de la cura para la humanidad.
Ayúdanos, nos estamos ahogando
muy dentro nuestro.
¿Por qué llueve, llueve, llueve en utopia?
¿Por qué tiene que matar la idea de quiénes somos?
¿Por qué llueve, llueve, llueve en utopia?
y cuando las luces se apagan diciéndonos quiénes somos.
Busco respuestas que no se dan gratuitamente
dueles adentro, ¿acaso hay vida en mí?
sostienes mi mano pero no entiendes,
entonces tomas el camino por tí solo al final.
Sueño en colores, no hay ataduras allí.
Sueño el sueño, y cantaré para compartirlo
en búsqueda de la puerta
para abrir tu mente,
en búsqueda de la cura para la humanidad.
Ayúdanos, nos estamos ahogando
muy dentro nuestro.
¿Por qué llueve, llueve, llueve en utopia?
¿Por qué tiene que matar la idea de quiénes somos?
¿Por qué llueve, llueve, llueve en utopia?
y cuando las luces se apagan diciéndonos quiénes somos.

Genoah, el valeroso

Dedicado al amigo poeta David González, hombre de muchos anillos que nunca da su brazo a torcer. Porque todos somos algo como Genoah, pequeños seres humanos, luchando contra el destino.

En los inicios del mundo, la voluntad suprema creo a un ente del cual luego tomó su forma física propia. Este ente, frente a todos los seres, se sintió superior, y esta superioridad le dio poder, por sus voluntades, para alterar el orden y tesitura de lo etéreo en el universo. Cada eclipse, estos seres hacían grandes ofrendas malsanas al padre supremo, sacrificando a sus críos y los críos de los seres a los que consideraban inferiores, transmutándolos en sirvientes de sus designios. Estos reyes egocentristas se autodenominaron humanos y tomaron esta palabra como sinónimo de virtud, todo pergeñado a su voluntad, todo obra de la fuerza que ejercían sobre el universo que les había creado.

Genoah era uno de esos, seres de la voluntad, cuyo universo gira en torno. Él acudía diariamente al tope de la gran montaña Dehorlí, cuyos deseos le habían bautizado de esa manera, a sentirse un poco más cerca del éter y entregar sus ofrendas al creador de toda sapiencia. Todos los días, a una hora contrastante en símil, Genoah recorría aquellos senderos abruptos y al alcanzar aquella cima ensimismada sentía cumplidos los designios de su padre eterno.

Un día, después de cuarenta años de rutinaria adoración, sintió el impulso inapelable de viajar, por las pétreas construcciones naturales, hacía una dirección azarosa, pero que él sabía llevaba a un destino de gloria. Gloria, buscada y amada, y ¿Qué gloria sería mayor a la entregada desde el cielo? Continuó sin tregua. El deber era más fuerte que el hambre, la sed, el calor; también mayor a aquella fuerza mágica del creador que impulsa los objetos hacia la tierra para que no podamos tocar siquiera el cielo en el cual habita. Los hombres, pensaba Genoah, existían para desarrollar el derecho a pisar aquel sempiterno azul, y a tal objetivo iban destinados sus esfuerzos, sus aspiraciones, cada día de su vida. Así, Genoah escalaba, surcaba, tramaba el contorno de sus sueños en medio de los picos terrosos y el patetismo de lo no habitado.

Esa mañana al despertar, entreabrió los ojos con lentitud, temiendo tal vez que no se abrieran. Se miró, mancillado, raspado hasta los tobillos. Sus pies mugrientos y manchados de sangre coagulada habían casi perdido toda sensibilidad. Sus ojos se encontraban en mal estado por igual. La luz en aquellos altos parajes era inadmisible y parecía reluctarle. ¿Acaso el cielo le despreciaba aún después de su vida de sacrificios y dolor? Sus manos ya carecían de carácter humano, su piel fue casi calcinada por el sol, y los buitres protervos se jactaban superiores en su cara. Ira, recelo, odio. ¿Cómo pudo Genoah, tan valiente, ser abandonado a su suerte por el señor? Trepó una empinada roca desde donde podría alcanzar, al fin, la cima más alta. La cima que toca el cielo.

La victoria estaba asegurada, se incorporó sobre el vestigio de roca e inhaló el aire sagrado. Miro el paisaje, la forma mística en que todo lucía tan pequeño, y comprendió por qué el padre eligió aquella fortaleza azulada como morada. Desde aquí, cualquier hombre podría sentirse dios, cualquier dios podría sentirse rey, cualquier rey podría sentirse alabado y poderoso con tan solo aquella perspectiva del todo.

El viento arreció con violencia, su cuerpo se sintió tambaleante ante la nueva adversidad. Estaba cansado, exhausto, en el límite de su humanidad, besando los pies del desenfreno y el caos. Se sostuvo como pudo, pero sus manos y pies no reaccionaron coordinadamente. Aquel improvisado tifón le arrancó de aquella cima y lo llevó lúdicamente veinte metros contra una roca conocida, una de las tantas a las que se había aferrado con esperanza. Su cuerpo se despedazó, pero aún continuaba con vida, observaba todo el escenario carmín y se percató de algo que hubiera deseado saber con antelación: los caminos de la gloria desembocan fatalmente en un féretro sanguinolento, en un negro agujero en la herrumbrosa tierra, en una caída desde el tope del mundo, desde donde dios observa su reino. Genoah, embullido en aquel dolor de huesos y carne, creyó vislumbrar la aparición de alguien o algo, nacido de aquella luz incandescente, frente a su mórbida figura. Genoah le observó largamente hasta tomar fuerzas y decir en una mezcla de llanto y desesperación:

-¿Eres tú la prueba de mi victoria? ¿Eres tú, ángel amado, luz segadora, la prueba de que merezco un lugar entre los tuyos en el reino del señor?

El ángel le miró con cierta mescolanza de convalecencia y vergüenza, respondiendo, en armonía resonante:

- ¿Quién ha sido el responsable de su ceguera, Genoah? Dios no otorga cielo a los de tu clase. Nuestro padre eterno no ha pensado en ningún destino fuera de este mundo para ustedes, hijos, esencia del divino. ¿Por qué ha decidido engañarse? Gracias a ello su existencia ha sido en extremo interrumpida. Su carne ahora será alimento de buitres y sus huesos se volverán polvo de las montañas. Ahora, gracias a su ofuscamiento, Genoah dejará de ser.

Los ojos de Genoah se llenaron ahora de lágrimas y sangre.

-¿Entonces mis acciones no fueron guiadas por ningún atisbo de eternidad? Si todo fue un juego de mis sentidos, sin duda he de ser el mayor de los idiotas.

Para lo que el ángel respondió.

- No sea tan duro con usted, pues la naturaleza del hombre se balancea entre sus sentires exteriores, los sentires blasfemos, e interiores, aquellos sentimientos que lo condenan. El hombre es un ser inconforme que siempre busca lo que está más allá de la cordillera. Usted no es el mayor de los idiotas. Es simplemente humano. Sus acciones fueron guiadas por la curiosidad y esa curiosidad logrará grandes cosas a través de los siglos. Pero usted y su camino terminan aquí, Genoah. Olvídese de vivir, pues su camino erró y perdió su oportunidad sobre la tierra. Ahora su energía se dispersará y regresará al caos para continuar el ciclo interminable de novelesca entretención.

La sangre emanaba en increíble cantidad. Genoah Terminó agazapado en un lago carmesí y cuando las palabras del ser concluyeron, parecieron condenarle a la oscuridad de la muerte. Genoah no volvería a este mundo, Genoah murió y desvaneció para siempre. Nadie recordaría a Genoah y así, él perecería verdaderamente en la eternidad.



Fin

Leopoldo no tenía idea


Muchas personas lo hacen. Él simplemente siguió un instinto que le nació dentro y lo desarrolló de la única manera que sabía, escribiéndolo. Leopoldo Güernica tenía 39 años con 12 años de docencia como maestro de lengua y literatura; era uno de esos profesores que inspiraba a las personas y les encaminaba hacia objetivos importantes. Fuera de esto, Leopoldo no había logrado nada más, vivió con su madre hasta que ella falleciera, no se había casado, era más bien tímido cuando no practicaba docencia y le sudaban las manos a menudo. Nadie entiende de dónde Leopoldo sacó tal invento, ni qué magia poseía su creación.

Leopoldo escribió ciegamente por semanas, sin detenerse, parecía como si una fuerza de la cuarta dimensión le hubiera poseído y dado el don (Leopoldo también era fanático de la ciencia ficción) tal vez los extraterrestres le habían hecho algo, alterado algo, no se sentía él mismo. Comió lo mínimo que un hombre podía ingerir para no morir, no bebió ni una sola gota. Al final de esta extraña aventura, Leopoldo sufría de deshidratación y estaba tan flaco como una oveja trasquilada. Pero lo terminó.

Qué terminó, se preguntarán. Un libro que cambiaría el mundo. Leopoldo preparó varias copias del material y lo envió a una gran cantidad de editoras, algunas habían incluso desaparecido ya, y no recibió respuesta por dos largos años.

Leopoldo continuó su vida anterior, su vida que pareció no extrañar su ausencia, siguió inspirando a sus alumnos hacia el mundo de las letras y ya no recordaba aquel impulso primitivo que lo llevara a escribir ese enorme escrito.

El 23 de diciembre de 2012, Leopoldo fue sorprendido por una llamada. A Leopoldo no lo llamaban muy a menudo. Un sujeto le decía que habían elegido su libro para su impresión y difusión, que había ganado un premio internacional (en el que ni siquiera había participado) y que su nombre era mencionado enormemente en el mundo intelectual. Leopoldo no lo creía, pero de todas formas aceptó ir e investigar qué sucedía.

Pero todo parecía verdad, la editora era real y su libro atravesaría todos los mares y llegaría a millones, tal vez billones, de manos.

Así pasó, Leopoldo se convirtió en uno de los hombres más famosos del mundo, y todos hablaban de aquel libro. La guerra contra el medio oriente cesó de repente. El presidente de los Estados Unidos agradeció públicamente a Leopoldo por televisión internacional, dijo que su libro le había salvado de cometer un terrible error. En medio oriente, los atentados se marchitaron lentamente, la paz reinó, y aunque nadie dijo nada, el libro de Leopoldo se vendió como pan por esos lares. Le llamaban nuevo mecías, Leopoldo no tenía idea de a qué se referían.

Sin ninguna ceremonia, los continentes del mundo se unieron y formaron una supernación, donde cada individuo era tan importante como el otro; el ciudadano terrestre. El dinero corría por las calles, las artes se propagaban por doquier, los museos estaban repletos. Todos viajaban a todas partes y todos sonreían. Y en cada estate, escritorio, maleta o cartera había una copia del libro de Leopoldo.

Leopoldo fue invitado de honor a la nueva Organización de los Continentes Unidos; le llamaban el hacedor de paz. Leopoldo se sentía en un sueño, no porque fuera famoso (dios sabe que nunca deseó tal cosa) y excesivamente rico (pues Leopoldo sabía que el dinero viene y se va), sino porque el mundo, después de miles de años de incomprensión, era ahora tan blanco como claveles recién cortados. Todo por su libro, decían, la paz llegó a través de este libro. Pero Leopoldo no entendía cómo.

Diez años de paz pasaron y Leopoldo entró en su modesta, pero muy acogedora, casa. Besa a su esposa, una dulce dama que conoció hace ya siete años, y la ve igual de hermosa que siempre. Sus ojos brillaban con juventud, aunque su piel perdía cada día algo de color (no así sus mejillas) y sus ojos se arrugan dulcemente cuando sonreía. La juventud nunca debe dejarse escapar sino, más bien, atesorar en lo profundo de tus ojos, para que se refleje siempre hacia el exterior como un gran faro en la peor de las tormentas. Para que nada se pierda. Es sorprendente la cantidad de personas que derrochan su juventud, dejándola escapar sin control por las cañerías que llaman ojos.

Leopoldo se sentó en su escritorio, su libro estaba frente a él, miró la portada y su diseño psicodélico, idea de la editora. La portada recitaba “El libro de la paz”, pero Leopoldo ni siquiera recordaba haberle colocado tal título. Hojeó las primeras páginas y no encontraba nada de si en ellas. Lo llevó al patio, agradeció, casi rezó, y lo quemó.

Leopoldo vivió muchos años y fue recordado como “El emisario de la paz” en occidente, como “El nuevo mesías” en oriente, pero nadie lo recordó como Leopoldo, un hombre solitario, simple y optimista que un día sintió la necesidad de escribir un libro que no le pertenecía y que hasta el último día de su vida enseñó a tener constancia y a amar las letras.

Y el mundo cambió para siempre... O hasta que otro estúpido decida meter la pata.


Fin

Ella

Dedicado a mi prima Camila con la que cohabito últimamente.

Era terca, testaruda, su cabello enmarañado, su cara enajenada. Reposaba su diminuto ser en una silla todo el día, mientras refunfuñaba insípidamente sobre los audaces ataques que le propinaban los diminutos vampiros negros del trópico. El dedo índice de su mano derecha era la parte de su cuerpo que más ejercitaba; sus pies siempre estaban oscurecidos, pues desconocía el uso del calzado. Tenía nombre de hija de Metabo, de virgen de Diana. Tenía brazos muy delgados, su frente asemejaba a la hermana luna y sus ojos eran estrellas que pronto partirían. Muchas la nombraban, algunos sin decir palabra alguna, pero todos querían hablarle. Nadie le conocía.


Imponía su voluntad como una princesa (cosa que no aseguraba que su voluntad fuera hecha) y arremolinaba los mundos (incluso aquellos de los que no tenía conocimiento) a su alrededor. Se dormía muy entrada la noche realizando la misma actividad con la que había saludado el día y soñaba. Nadie sabe con qué soñaba.

Tenía pánico escénico, pero alucinaba con la fama. Tenía tres soles gemelos con los que coloreaba la aurora. Sabía francés y no le gustaba el brócoli. Acostumbraba saltar, aunque sus saltos terminaran casi siempre en caídas. Tal vez buscaba tocar sus ojos.

No sabía lo que era una amazona, aunque asemejaba enormemente una. Era una criatura ajena al orden (como muchos) y cuando realizaba el extenso viaje desde su cama a su asiento, procuraba hacerlo todo de memoria y cerraba sus ojos, para ni siquiera percatarse de como todo a su alrededor seguía igual. Así sobrevivía. Nadie en verdad la conocía.

El mundo le parecía aburridísimo, por lo que prefería habitar en uno que no fuese real. Cantaba muchas canciones que nadie escuchaba, muchas de ellas de fabricación propia. Sabía perfectamente como apalear la guitarra.

Soñaba, la pequeña soñaba. Soñaba con un mañana distinto, que no se pareciera a ningún otro. Soñaba muchas, muchas cosas (sólo Morfeo y su cuervo las conocen todas) y cuando despertaba, seguía soñando, sin tregua, que la vida era un juego del que ya conocía todos los secretos. Un juego mil veces transitado pero que, aún así, tenía todavía mucho por ofrecer.

Así era ella, tan parecida como distinta. Desconocida y familiar. Buscando.

El mundo que no piensa


No sé si creer las locuras de un texto de dudosa autenticidad, que hallamos mi grupo de arqueólogos y yo cerca de un área en la que ni los animales habitan. El texto es una carta dirigida hacia un futuro lejano y en la cual se nos habla de un pasado horrible que consumió a los seres de aquella época antiquísima.

Llevé el texto donde un camarada científico que me estimó la edad promedio del texto, plasmado sobre una extraña fibra sintética parecida a la médula del tronco con la que hoy día se crea el papel ordinario. El extraño papiro poseía una legitimidad innegable, el idioma era tan antiguo, que no había registro alguno en ningún archivo existente sobre la tierra. Necesité cuatro expertos en semiótica, los cuatro mejores del mundo, y dos meses de trabajo ininterrumpido para descifrarlo y al terminar, todos se sentían ciclópeamente satisfechos. El documento literal expresa lo siguiente:

“Les advierto, les advierto a ustedes. Ustedes que poseen el don de la mente, abrácense a él y encájenles los dientes, porque sólo yo quedo con algo de ese sentido en mí, en este futuro que parece el más prosaico y antiguo abismo. Mi carta posiblemente no alcance su época. Aquellos eones y eones de sembrada nulidad que seguirán el camino estrecho de mi texto agonizante, pero que lleva un dulce rayo de esperanza de que su nuevo mundo no muera como el mío, este mundo de pesadilla en donde nadie piensa ya.”
“Todo parece haber comenzado hace unos doscientos años. Hace ya demasiado tiempo que las horas, días, meses y años dejaron de contarse pues nuestra raza se volvió demasiado perezosa y ya no tenía ninguna razón para medir el tiempo. Pero me permito hacer un estimado con lo poco de mis sentidos que no ha fallecido. La época de la razón había concluido con refulgente magnificencia dejando vestigios en el arte, la literatura y el estudio de la mente. Los derechos del hombre se afianzaban en sus cimientos formando un aparente futuro más brillante. Las guerras nacían una detrás de la otra, pero todas concluían y parecía que todo seguía hacia donde la libertad extiende sus alas.”

“La modernidad creaba grandes inventos y crecía con desesperación, como si quisiera reponer el tiempo perdido. Cada diez años la tecnología cambiaba increíblemente y cada cambio iba produciéndose en un tiempo cada vez menor. La exageración nos gobernó, hasta que cada día era un nuevo invento, una nueva renovación de lo antiguo y luego, fatalmente, agotamos todo lo que con nuestras manos podíamos crear.”
“Entre tanto, además, asesinábamos nuestro mundo lentamente, como un virus; como un tumor, como un lascivo mal aún indeterminado. La tierra se pudrió, pero aún quedábamos nosotros y la manteníamos viva con nuestra tecnología pergeñada y abúlica, todo por miedo, todo por subsistir. Ese fue nuestro mayor error.”
“La tierra se volvió un desierto desde el este al oeste, del norte al sur. Todo era inhabitable. Así que el hombre desarrolló ecosistemas bastardos, tan irreales como su moderna humanidad, su utopía maldita. Habitamos ese espacio entre distracciones y modas, volviéndonos ajenos a la verdad. Éramos indeseados en este mundo, en esta galaxia, en este universo tridimensional.”

“Equilibrándose entre modas ordinarias y música rapaz, se deformaba todo lo que, de alguna forma, desarrollaba la razón de los seres humanos. Los libros fueron suplantados con el cine y la televisión, cada vez más modernos, hasta que el ser humano perdió algo que hasta ahora no ha recuperado: su imaginación. Todo fue de mal en peor. Nuestra naturaleza se volvió, junto a nuestra civilización, la cuna de la desidia.”

“Lentamente esa falta de uso de la mente fue atrofiándola. Todos cayeron. Ni siquiera sé como sigo en uso de mis facultades, pero no canto victoria, pronto aquellas crípticas hiedras me devorarán y seré un vegetal más. Debo ser breve, pero sin omitir nada, ustedes deben saberlo, deben saber... Todo lo que he contado, desde un principio, todo ha sido un error, pero ninguno tan grande como el que sucede a todo esto, ese error que nos persigue, ese error que veo cuando miro a mi alrededor. Los humanos no somos humanos, somos monstruos, espantosos monstruos infernales. No nos conformamos con vivir y morir. La vida se nos hizo muy corta. Por eso trajimos el infierno… que no es llamas ni azufre. Nunca permitan que eso se cree y se permute, evítenlo a toda costa. Nuestra blasfemia fue ofensiva para todo residuo de etéreo resplandor. Nunca permitan que el infierno nos envuelva, y eso sucede justamente después que… después que… “

De este modo concluía el texto, hallado en las ruinas del fin del mundo. La recuperación fue total, pero nunca se encontró su conclusión, ni tampoco tuvo caso revisar una y otra vez el papiro en busca de alguna tajada respuesta. Lo más horripilante de todo es que, si el texto es tan auténtico como dicen nuestros aparatos, vamos en la misma dirección hacia el abismo. Estamos en el Siglo XXI, después del nuevo inicio. El sol brilla hermoso sobre mi cabeza y sólo me acompaña, en esta colina floreada, la esperanza de nunca vivir…en un mundo que no piensa.

Fin

Jugar a ser



Había una vez una rama que quería ser árbol, pero sabía que su sendero al éter había sido interrumpido ya. Así que se resignó abúlicamente a su cínico estado, reposando en espera del quiebre perfecto.

Un día un pequeño ser apareció frente a la pequeña rama, uno de esos retoños humanos que llaman niños, y deambuló sin ton ni son en círculos decadentes e inocentes.

El niño corría, aullando y saltando divertido, jugaba a ser héroe, con la alegría en los pasos y en sus andanzas en pro de la salvación del mundo, terminó frente a su primera prueba de fuerza. Se arrodilló frente a la pequeña rama, la levantó con sus pequeñas manos y luego la clavó un poco en la tierra y dijo, como saludo y despedida:

“Ahora puedes jugar a ser árbol.”


Lunes 25 de mayo de 2009. Costelo Landró.
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