Para usted, mi lector:

"Y los ángeles etéreos rehuyeron a sus hermanos abismales y con hipócrita agonía arrancaron sus extremidades anadeantes y consumieron sus esperanzas de llegar algún día al lugar del que fueron echados como despojo divino. Lo bueno es que, aún en el fondo, pueden haber momentos plácidos."

miércoles, 16 de diciembre de 2015

El mundo que no piensa


No sé si creer las locuras de un texto de dudosa autenticidad, que hallamos mi grupo de arqueólogos y yo cerca de un área en la que ni los animales habitan. El texto es una carta dirigida hacia un futuro lejano y en la cual se nos habla de un pasado horrible que consumió a los seres de aquella época antiquísima.

Llevé el texto donde un camarada científico que me estimó la edad promedio del texto, plasmado sobre una extraña fibra sintética parecida a la médula del tronco con la que hoy día se crea el papel ordinario. El extraño papiro poseía una legitimidad innegable, el idioma era tan antiguo, que no había registro alguno en ningún archivo existente sobre la tierra. Necesité cuatro expertos en semiótica, los cuatro mejores del mundo, y dos meses de trabajo ininterrumpido para descifrarlo y al terminar, todos se sentían ciclópeamente satisfechos. El documento literal expresa lo siguiente:

“Les advierto, les advierto a ustedes. Ustedes que poseen el don de la mente, abrácense a él y encájenles los dientes, porque sólo yo quedo con algo de ese sentido en mí, en este futuro que parece el más prosaico y antiguo abismo. Mi carta posiblemente no alcance su época. Aquellos eones y eones de sembrada nulidad que seguirán el camino estrecho de mi texto agonizante, pero que lleva un dulce rayo de esperanza de que su nuevo mundo no muera como el mío, este mundo de pesadilla en donde nadie piensa ya.”
“Todo parece haber comenzado hace unos doscientos años. Hace ya demasiado tiempo que las horas, días, meses y años dejaron de contarse pues nuestra raza se volvió demasiado perezosa y ya no tenía ninguna razón para medir el tiempo. Pero me permito hacer un estimado con lo poco de mis sentidos que no ha fallecido. La época de la razón había concluido con refulgente magnificencia dejando vestigios en el arte, la literatura y el estudio de la mente. Los derechos del hombre se afianzaban en sus cimientos formando un aparente futuro más brillante. Las guerras nacían una detrás de la otra, pero todas concluían y parecía que todo seguía hacia donde la libertad extiende sus alas.”

“La modernidad creaba grandes inventos y crecía con desesperación, como si quisiera reponer el tiempo perdido. Cada diez años la tecnología cambiaba increíblemente y cada cambio iba produciéndose en un tiempo cada vez menor. La exageración nos gobernó, hasta que cada día era un nuevo invento, una nueva renovación de lo antiguo y luego, fatalmente, agotamos todo lo que con nuestras manos podíamos crear.”
“Entre tanto, además, asesinábamos nuestro mundo lentamente, como un virus; como un tumor, como un lascivo mal aún indeterminado. La tierra se pudrió, pero aún quedábamos nosotros y la manteníamos viva con nuestra tecnología pergeñada y abúlica, todo por miedo, todo por subsistir. Ese fue nuestro mayor error.”
“La tierra se volvió un desierto desde el este al oeste, del norte al sur. Todo era inhabitable. Así que el hombre desarrolló ecosistemas bastardos, tan irreales como su moderna humanidad, su utopía maldita. Habitamos ese espacio entre distracciones y modas, volviéndonos ajenos a la verdad. Éramos indeseados en este mundo, en esta galaxia, en este universo tridimensional.”

“Equilibrándose entre modas ordinarias y música rapaz, se deformaba todo lo que, de alguna forma, desarrollaba la razón de los seres humanos. Los libros fueron suplantados con el cine y la televisión, cada vez más modernos, hasta que el ser humano perdió algo que hasta ahora no ha recuperado: su imaginación. Todo fue de mal en peor. Nuestra naturaleza se volvió, junto a nuestra civilización, la cuna de la desidia.”

“Lentamente esa falta de uso de la mente fue atrofiándola. Todos cayeron. Ni siquiera sé como sigo en uso de mis facultades, pero no canto victoria, pronto aquellas crípticas hiedras me devorarán y seré un vegetal más. Debo ser breve, pero sin omitir nada, ustedes deben saberlo, deben saber... Todo lo que he contado, desde un principio, todo ha sido un error, pero ninguno tan grande como el que sucede a todo esto, ese error que nos persigue, ese error que veo cuando miro a mi alrededor. Los humanos no somos humanos, somos monstruos, espantosos monstruos infernales. No nos conformamos con vivir y morir. La vida se nos hizo muy corta. Por eso trajimos el infierno… que no es llamas ni azufre. Nunca permitan que eso se cree y se permute, evítenlo a toda costa. Nuestra blasfemia fue ofensiva para todo residuo de etéreo resplandor. Nunca permitan que el infierno nos envuelva, y eso sucede justamente después que… después que… “

De este modo concluía el texto, hallado en las ruinas del fin del mundo. La recuperación fue total, pero nunca se encontró su conclusión, ni tampoco tuvo caso revisar una y otra vez el papiro en busca de alguna tajada respuesta. Lo más horripilante de todo es que, si el texto es tan auténtico como dicen nuestros aparatos, vamos en la misma dirección hacia el abismo. Estamos en el Siglo XXI, después del nuevo inicio. El sol brilla hermoso sobre mi cabeza y sólo me acompaña, en esta colina floreada, la esperanza de nunca vivir…en un mundo que no piensa.

Fin
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