Para usted, mi lector:

"Y los ángeles etéreos rehuyeron a sus hermanos abismales y con hipócrita agonía arrancaron sus extremidades anadeantes y consumieron sus esperanzas de llegar algún día al lugar del que fueron echados como despojo divino. Lo bueno es que, aún en el fondo, pueden haber momentos plácidos."

jueves, 30 de julio de 2009

Publicarlo como un estornudo.



A veces a uno le entran ganas de publicarlo con popas y platillos. Necesidad que entra por la nariz y se invoca como un estornudo. Nace polémico, incansable y tozudo, el deseo perpetuo de dedicar esta entrada a ti. Y no es ningún secreto que para mí eres el sur cálido, el este ventoso, el oeste desértico y el norte claro. Que pertenecemos a la misma estirpe, una estirpe casi extinta. Que somos nativos del destino y seguidores incansables de la justicia. Tú eres la mujer que más admiro y la más grande y hermosa sonrisa bajo este sol y muchos otros.

"No te me pierdas nunca", te dije una vez. "Guíame siempre" contestaste, y no fue ni es necesaria ninguna palabra más.
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