
Tenía una barba cervantesca. Ojos vivos y negros.
Tenía el cabello canoso y largo
y una delimitada calva que lo hacía ver como un mosquetero anciano.
Tenía vida en sus pasos; de muchos días caminados.
Hablaba con la verdad.
Tenía negros discos en llamas del pasado.
Los recordaba todos,
y tenía, sobre todo, un gran corazón.
Pero lo tenía, ya no lo tiene, así como lo teníamos y ya no está.
un mar que emanaba como mil ríos desde el armario de las toallas
despidieron lo que fue y será en nuestras memorias:
el quinto mosquetero, aquel que blandía como un sable su poderosa sonrisa.
Amigo Costelo
ResponderEliminarme ha encantado este poema y epitafio, lleno de sinceridad. Esta frase: un mar que emanaba como mil ríos desde el armario de las toallas, seguro que tiene un significado personal para ti, y a mí me encanta.
un abrazo amigo
Velpister: A mí también me encantó la imagen que menciona Costelo: un mar que emanaba como mil ríos desde el armario de las toallas. Y sí, ciertamente que tuvo su significado o punto de partida, no lo pudo decir mejor. Lo sé por ser su madre y amiga. Me siento más que orgullosa de él. Gusto de saludarte por acá también.
ResponderEliminarLo extraño tanto...
ResponderEliminarY recuerdo ese día como ayer: cuando, ciertamente, un mar emanaba como mil ríos desde el armario de las toallas. Perfecta forma de decirlo.
ResponderEliminar