Para usted, mi lector:

"Y los ángeles etéreos rehuyeron a sus hermanos abismales y con hipócrita agonía arrancaron sus extremidades anadeantes y consumieron sus esperanzas de llegar algún día al lugar del que fueron echados como despojo divino. Lo bueno es que, aún en el fondo, pueden haber momentos plácidos."

martes, 1 de enero de 2013

El inicio del mundo.



Ya entrando el 2013 el mundo dejó atrás las interpretaciones sobre profecías mayas, pero no así a los calendarios que concluyen y se renuevan una y otra vez. Los festejos acostumbrados, las  felicitaciones sin amor, las típicas fotos familiares de reuniones que se realizan una o dos veces al año llenaron los huecos que dejó el año fallecido con pompas y globos llenos de escarcha. Todo seguía su rubro acostumbrado.

Pero había algo diferente, una sensación primero y luego todo, todo en absoluto. Esa sensación terminó convirtiéndose en mi mundo, en todo mi ser y en el motivo de mis peores miedos. Justo después del 21 de diciembre, mientras revisaba unos documentos, noté que en antiguos contratos mi firma era diferente a como la recordaba. Escudriñé todos mis documentos notando la misma diferencia en mi firma y pensé que tal vez fue un error de percepción o alguna jugarreta inconsciente; nada de qué preocuparse... Pero las cosas sólo iban a empeorar.

Me senté en mi escritorio de ébano de Seilán que obtuve en una subasta y que perteneció a H.G. Wells. Luego de unas horas corrigiendo textos académicos, uno de los tantos trabajos que realizo por motivaciones humanas y justificadas, rocé mi mano por la suave madera para notar, con desagrado, astillas que antes no estaban y una textura desconocida. Por alguna extraña razón mi escritorio de ébano ahora era pino pintado y mal terminado... pero esto no tenía sentido: todas sus gavetas se encontraban llenas de mis mismas pertenencias, incluso de unos pasaportes y dinero en efectivo justo donde los había escondido. Pensé en la posibilidad remota de que fuera una broma de mal gusto jugada por mi esposa, la única persona con la libertad para realizar tal hazaña, pero su sentido del humor suele ser diáfano y claro. Sea como sea, me dirigí a ella para expresarle mi consternación, y entonces mi corazón se detuvo unas milésimas de segundo que me parecieron eones infinitos de arremolinada materia y de un universo muy, muy oscuro. Mi amada, con la que había compartido casi 20 años de tranquila y feliz convivencia, no parecía ser quien era; su voz tenía un matiz ligeramente distinto, más alto y sonoro, como la voz humana de un ruiseñor; su cabello era más denso e irreconocible, oscuro y misterioso; sus lunares estaban desordenados, fuera de sitio, en lugares de su piel antes claros y familiares; pero sus palabras sonaban a las suyas, su manera de acariciar mi cabeza era la misma, pero mi consternación era inencubrible.

Salí fuera con la certeza de no dejarla preocupada y caminando por la plaza noté un cambio de orden en las antiguas tiendas de la ciudad, como si hubieran sido barajadas demasiadas veces y su orden original se hubiera perdido. Pasando frente a la brillante vitrina de la mal ubicada librería me miré noté a alguien similar a mí dentro, y cuando volví la marcha a ver quién era, me topé con un reflejo ajeno y que me pertenecía. Hasta yo había sido víctima de esta broma pesada de dios o de quien sea que fuere responsable. Sus ojos eran más grandes y se hallaban más altos dentro de su cavidad osea, sus manos eran ligeramente más largas y delgadas, su nariz más baja, sus lunares todos perdidos. Se dedicó tanta contemplación que el encargado se preocupó seriamente porque le espantara la clientela al pensar que era algún loco, y con la sorpresa que sigue al ensimismamiento retomé la marcha ahora más preocupado que nunca.

Todo había cambiado, algunas cosas ligeramente, de manera casi imperceptible, como si se hubieran hecho nuevamente a partir de un plano inconcluso o errado, mi vieja casa familiar se encontraba una calle arriba de donde solía estar, las plantas del jardín, reconocí, no pertenecían siquiera a esta zona geográfica, pero poseían similitudes a las que sustituyeron. El viejo refugio antibombas que construyó mi padre no estaba a la vista, como si hubiera sido omitido en un registro inmaterial, y fuera olvidado.

Volví a mi casa, pero decidí meditar en el techo, donde no pudieran interrumpirme, encontrándome con una escalera que ahora era más corta y que dificultó la llegada a mi destino, pero sin más contratiempos llegué y me dediqué a observarlo todo... Todo lo que ya no era lo que era, todo lo que era distante, ajeno, toda una historia aparentemente falsa. Sería él quien pensaba que era, sería su esposa de quien se enamoró hace tantos años, sería su casa aquel lugar impregnado de ellos que tanto había significado, que salvó sus vidas. Las dudas se amontonaban y amontonaban sin respuestas.

Tal vez el mundo sí se terminó junto a ese fatídico calendario de una cultura fallecida... Tal vez todo el mundo que conocíamos ya no está y fue sustituido por una mala réplica de la que todos somos piezas esenciales, pero en las que el hacedor fue torpe y descuidado... Tal vez todo lo que el hombre hizo hasta ahora ya no existe, todos sus méritos materiales y todo lo que poseyó es ahora otra cosa menos vistosa. Quien sabe cuántos conceptos, ideas y libros fueron erróneamente copiados en esta altertierra, en esta mentira que ahora habitamos como malas fotocopias de quienes fueron nuestros originales; cuántas ideas magníficas se perdieron y cuántas historias jamás volverán a ser leídas como fueron escritas.

Cuanto siento hemos perdido... ¿Somos acaso humanos todavía? ¿Podría nuestra estructura genética haber sido alterada o mal registrada en aquella copia de seguridad de la que fuimos reproducidos?

Todo el mundo se siente diferente, irreconocible para mí, porque no es el mundo que recuerdo: ahora es el mundo que tengo. Quién es ahora mi persona será algo que responderé con el tiempo, quién es la persona que amo será algo que tendré que redescubrir... Tan sólo espero tener la suerte de que todo no sea tan distinto y registrar para la raza humana todo lo que ya no es como era, todos los cambios de esta tierra alternativa y desconocida. Esa será mi responsabilidad de ahora en adelante. La verdad debe conocerse, tal vez no la verdad que creo poseer, pero sí la verdad de que toda la tierra es una tierra diferente, que nuestro cielo es otro cielo y nuestros mares otros océanos de misterio.

Es mi responsabilidad como el observador; mi destino que ahora empieza; mi camino y espero, el inicio de una tierra distinta, pero mejor.
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