No se queman todas las hojas del acebo,
y la vida sigue igual.
No se estrellan de lleno los cristales contra el suelo,
y la vida sigue igual.
No se derrama sangre, sólo lágrimas,
y la vida sigue igual.
No se pierde nada, no se gana nada. No se sueña alcanzar nada.
y la vida sigue igual.
No hay proverbio que nos ayude ni conocimiento que comprenda,
por eso la vida sigue igual.
Cuatro mil años de sabiduría aún desconocen
el por qué todo sigue igual.
Hay buenas intenciones, de ellas está llena el mundo,
y todo sigue igual.
Hay estaciones y flores, nieve pura y campos multicolores, todos distintos,
pero ante la generalidad, todos son iguales.
Hubo honor, sacrificio, fuertes brazos que tiraron de unas cadenas por demás ciclópeas.
Tiraron hasta que no quedó nada de ellos que pudiera realizar la hazaña.
Pero todo continuó igual.
Aún así, conociendo la hermética condición que rige al hombre, existen tontos, como yo,
que sueñan con que lo que es tan simple deje de tomarse por complicado.
Nadie me engaña, que todo sea como debe ser no es imposible, es simplemente inconsistente.
Materializar una hazaña de esta magnitud requiere mucho menos
que halar cadenas congeladas en el tiempo,
que derramar sangre y cristales;
mucho menos que quemar todas las hojas de nuestras almas.
Cambiar aquello que debe ser cambiado sólo requiere una cosa. La firme e inquebrantable decisión de cambiarlo con tus propias manos.