Para usted, mi lector:

"Y los ángeles etéreos rehuyeron a sus hermanos abismales y con hipócrita agonía arrancaron sus extremidades anadeantes y consumieron sus esperanzas de llegar algún día al lugar del que fueron echados como despojo divino. Lo bueno es que, aún en el fondo, pueden haber momentos plácidos."

miércoles, 8 de febrero de 2012

El universo de sus botas.

Pueden leer el capítulo 1 aquí.


Capítulo 2:


Un par de botas, de Vincent Van Gogh.

Dudo que alguien que no haya estado en el espacio pueda comprender lo que se siente encontrarse flotando en él. Es una mezcla de libertad y horror verdaderamente indescriptible. Así que, cuando Davite se dio cuenta de su situación su reacción fue obviamente el pánico. Luego de 10 eternos minutos de este sentimiento tan humano, la joven meditó unos momentos y llegó a la conclusión de que verdaderamente pasaba algo sobrenatural, ya que en medio de la nada -literalmente- pudo desesperarse y gritar hasta perder el aliento y finalmente recuperarlo minutos después.

Pudo impulsarse con cuidado hacia el vehículo y comprobar que dentro existía gravedad, como un residuo persistente de lo que había dejado atrás, y que todos sus ocupantes se encontraban más bien en un letargo. La situación se estaba convirtiendo en una enorme lista de sinsentidos que la envolvían en un gran misterio.

Ya algo más tranquila comprobó que el vehículo no encendía y que por más que intentaba, nadie despertaba.

-Qué momento para dejarme sola -carraspeó desalentada-. Realmente no tengo idea de qué puedo hacer ahora, pero por algún motivo esta situación me resulta familiar... aunque no pueda recordar por qué.

Se sentó con sus amigas, que ahora lucían tan vulnerables, mientras pensaba en lo insignificantes que deben lucir esa docena de personas flotando sin ancla en medio del espacio exterior.

-Y pensar que antes quería ser una exploradora. Esto realmente me hubiera resultado una aventura entonces.

Se sorprendió cuando escuchó lo que decía. ¿Exploradora? ¿Cuándo había sido eso? ¿Por qué sus palabras se dijeron casi solas, como si le pertenecieran a alguien más? Davite comenzó a dudar de su propia persona. ¿Era realmente ella la persona que creía? ¿Por qué era la única que no había caído en ese sopor inexplicable? Las preguntas llenaban su cabeza y se agolpaban como piezas de dominó.

Pensó calmadamente, arrullada por la exhalación suave de los ocupantes del vehículo hasta casi sentirse somnolienta. "Bueno, según recuerdo, si llegamos aquí debió ser por algún tipo de "puerta intergaláctica" ubicada curiosamente en la calle, y si entramos debemos de poder pasar por ella nuevamente". El problema era, ¿dónde se encontraba esta puerta? En el exterior sólo se veía la nada, el vacío, la luz en la distancia, estrellas que ahora parecían cómplices en una broma pesada.

Pasó una hora hasta que decidió salir nuevamente a buscar aquella puerta.

Trató de concentrarse fuertemente en los detalles de los alrededores. No parecía haber nada cerca. Flotó lentamente por debajo del camión sin alejarse mucho, pensando sin pretenderlo en lo divertido que era. Allí pudo ver, a unos dos metros, una vieja bota.

-Eso sí que es extraño -se dijo- y decidió que, como era lo único cercano, debía tratar de obtenerla. Tal vez tenía algo que ver con su extraña teletransportación.

Volvió al interior del autobús y encontró una manguera que curiosamente tenían allí "para emergencias". Recordaba como se rió el día en que escuchó a su viejo y rollizo director repetirlo mil veces. La ató a una de las ventanas y se la amarró de la cintura.

"Esto es lo más estúpido que he hecho, y para colmo por una vieja bota", pensó; pero no tenía opción. Se impulsó lo más fuerte que pudo con las piernas y luego flotó, lentamente, hacia aquel calzado.

Tuvo suerte. Logró alcanzarlo y cuando lo tocó algo en su cabeza se encendió. Recordó algo muy importante. Esta era su bota. Una de las de su par favorito cuando era más chica, pero qué hacía en el espacio. Sus pensamientos la inundaron al punto que no se percató de que había seguido su rumbo, cada vez más lejos del autobus y que, derrepente, le faltaba el aire.

Sintió fuertes espasmos. La muerte ya comenzaba a mirarla, lentamente, desde la oscuridad del espacio. Sentía que perdía el conocimiento... y entonces pasó algo que nunca hubiera esperado.

Su cuerpo fue jalado por la manguera hacia el vehículo. ¿Alguien había despertado y se había percatado del dilema en que se hallaba? Su cuerpo estaba demasiado afectado y su respiración había vuelto con una violencia olímpica. Miró con algo de esfuerzo hacia arriba y lo vio.

Un hombre extráñamente delgado la jalaba, ¡subido en una bicicleta! Su vestimenta era de los más anticuada. Una camisa de seda larga aprisionada en un chaleco negro ceñido, con un sobretodo marrón que se notaba muy antiguo y coronado con un bombín como los de esos cuadros de Magritte. Sus pantalones eran de un tono verdoso opaco con rayas verticales y horizontales y su bicicleta se parecía a la que tenían los hermanos Wright en aquellas viejas fotos.

-¿Quién eres tú? -logré decir en una voz muy débil que desconocía.

-¿Yo? -respondió-. Yo soy como tú, pero parece que lo has olvidado.

Me quedé en silencio unos segundos.

-¿De qué estás hablando? ¿Cómo fue que llegamos aquí?

-Pues parece que cayeron por uno de esos agujeros espacio-temporales que se hallaba en plena calle. Esos accidentes ocurren aveces. Son bastante comunes.

-¿Co-comunes?

-Sí. Hace apenas una semana tuve que venir a rescatar un camión de Coca Cola que había tomado órbita hacia el sol de la galaxia del Erxis Ropá, algo así como Halcón de Plata. Por suerte llegué a tiempo. Incluso me regalaron algo de su mercancía. Pero ese no es el punto... Davite Danae Bueno Morales, ¿realmente no recuerdas lo que eres?

-¿Lo que soy...?

Le dolía la cabeza. Davite sentía que había algo en ella obstruyendo sus pensamientos.

-¿Puedes salvarnos?

-A eso vine.

Y comenzó a pedalear lentamente. Davite se sorprendió enormemente al ver que la bicicleta parecía deslizarse con rumbo por el espacio. Se acercó a ella bastante. Se sentía atemorizada. El sujeto le pidió la bota que tenía en las manos. Instintivamente se opuso, pero luego aceptó. En ese momento el le quitó los cordones y entre luces multicolores pudo ver que de ella salía un camino que parecía llevarlos a casa.

Luego escuché una pequeña explosión y vi que el vehículo se impulsaba hacia el hueco con como una comparsa, despidiéndose del universo abierto. Ella misma se despidió entre lágrimas que no comprendía, y atravesó el umbral entre prismas esféricos de tristeza y desconcierto.

martes, 7 de febrero de 2012

Vivir es estar contigo.


"Noche Estrellada sobre el Ródano" de Vincent Van Gogh.

Dedicado a Trigal Morales Pou.
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Acepto que hay cosas que siempre he querido contarte y no he podido.

Por ejemplo, pasa que cuando estoy muy feliz y tranquilo, canto y tarareo cualquier cosa. A veces una tonada conocida, otras una nueva pieza sólo mía. Canto y me siento que todo es posible, incluso ser feliz. Siempre me encuentro cantando antes de ir a verte.


Confieso y siento que me ayudas en tantas cosas. Las tareas diarias no resultan tan tediosas. Me he metido poco a poco en la cocina. Exagero con el ajo y la verdura. Lavo los utensilios cuidadosamente. Me siento a envejecer. ¿Dónde estuve antes? ¿Dónde estoy ahora? ¿Dónde estaré?


Cuando te pierdo de vista en las noches, la existencia de un cielo pierde sentido. Mi andar se vuelve lento y confuso y me pregunto varias veces ¿hacia dónde me dirijo? La respuesta es una mueca sorda.

Y tantas, tantas cosas que escapan a mi memoria.

Admito que no me siento completo. Como un proyecto inacabado. Quisiera ser una empresa iniciada. Poseo cosas ya no tan comunes: fe, fuerza, amor, vida, sueños, belleza que compartir...

A ti.

En palabras, oraciones y versos que siempre escribiré.

Y me entristece y me llena de felicidad. Me recorre la dicha y la desdicha.

 Y me siento bendecido, porque vivir es eso. Vivir es estar contigo.

Dejaré esta carta envuelta en la sombra de tu ventana para cuando despiertes. Buenas noches dulce luz de mi vida, inocente astro, vida espesa y pura, y dame fuerzas para este nuevo día.

lunes, 6 de febrero de 2012

¿Realmente estamos solos?


Acostumbro perder mis noches siendo acariciado por la luz de la luna, pero un día en específico algo pasó. Mientras repasaba los cráteres del oeste lunar la faz del satélite desapareció por una fracción de segundo. Pensé que era mi imaginación, pero entonces pequeñas estrellas buscaron lugar y se reubicaron a su alrededor en una perfecta circunferencia y la luna comenzó a moverse. En serio, se movía lentamente, empequeñeciéndose ante mi vista y dejándome perplejo. Unas cuantas estrellas se unieron a la marcha universal como una comparsa; guiadas por una misión. Y mientras pasaba observé catatónico, con la curiosidad en la garganta y la impotencia prendada a mí. Qué pequeño me sentí. No soy de los que crean en vida espacial pero esto no sólo era imposible, sino real. Luego observe resplandecer esas estrellas y apagarse  una a una. Por algún motivo desconocido sentí tristeza al verlo. Esos pequeños puntos en el cielo desaparecieron completamente con la luna casi fuera de vista. "Bueno, ¿supongo que sólo yo vi eso? Seguro es mi mente jugando conmigo". Entonces lo escuché: el estruendo meteórico de una explosión tan grande que había roto el vacío e inundado la tierra. El sonido casi me vuelve loco. Sentía como que todo lo que conocía era frágil e insignificante, y que así mismo, frágil e insignificante, desaparecería. Así como pasó con la luna... que ya estaba ahí, de vuelta, en el lugar de siempre. Me estrujé los ojos con fuerza. ¿Habrá sido todo un sueño? Pero mi corazón aún sentía el resonar imparcial. En aquel momento parecía el fin del mundo. Pero ya todo está en calma. Y miro al cielo con algo más en los ojos que mera fascinación, mientras la humanidad se pregunta: ¿realmente estamos solos?

domingo, 5 de febrero de 2012

Un mundo no mágico.


Vivo en un país curioso, perfecto en cada detalle. Junto al mar y la montaña y con planicies y valles. Es curvo y lleno de caminos convergentes y extensos; de tierra, gravilla y piedras los he hallado. Todos llevan a algún lugar. Tiene además fronteras que hacen mella consigo mismas. Supongo que más que un país es un mundo, un mundo con alma de mujer.

Hay pequeños detalles casi imperceptibles: las flores no son nunca de un solo color; debajo de sus pétalos puedes hallar nuevos tonos de colores secretos. Existe un solo sol que crea la más hermosa armonía cromática en un cielo que es a la vez claro y oscuro. Y las estrellas, ¡Oh, divinos héroes de piratas y corsarios!, ocultas e imposibles de ocultar, su luz es madura y sabia. El mar es el espejo en el que el universo se observa y he visto a la luna contemplarse coqueta. Los detalles son tan bellos que cuando duermo los contemplo nuevamente, en cercana calma, como una grabación congelada.

Pero hablemos de otros seres: millones, billones, criaturas con formas tan diversas y complejas, y tan simples aveces, como llaves únicas para una puerta nueva. Es un pasillo infinito de entradas en una armonía supranatural. Dudo que podamos entrar en todas, pero tal vez deba ser así. ¡Y lo mejor! La chispa de la vida, la semilla de un mundo que es en esencia eso, es absoluta e intransferible; como un mensaje increíblemente viejo que una vez escuchaste y que años más tarde llegas a comprender.

Todos los días tienen algo parecido: leyes físicas que se repiten, colores similares y distintos, dolores posibles y extintos, álbumes de recuerdo inmateriales, sonatas escritas y descritas, y música y poesía y canciones que no se escuchan. Y me pierdo tratando de describir todo lo bello, infinitamente bello.

Cada día llega la noche en un pestañeo fugaz, como una burla de la muerte y el fin. ¿Por qué no serán los días más largos? ¿Por qué no será mi vida más larga? ¿Será suficiente una vida dedicada a lo infinitamente bello o harán falta 2... 3... millones... billones de hombres como yo, capaces de ver lo que se oculta en la esquina olvidada del ojo: la magia de lo no mágico; la suerte de lo eterno.