Para usted, mi lector:

"Y los ángeles etéreos rehuyeron a sus hermanos abismales y con hipócrita agonía arrancaron sus extremidades anadeantes y consumieron sus esperanzas de llegar algún día al lugar del que fueron echados como despojo divino. Lo bueno es que, aún en el fondo, pueden haber momentos plácidos."

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lunes, 8 de agosto de 2016

Ocho trigos y una espiga como hoy

Algunos rehuyen del sol, otros lo miran fijamente demasiado tiempo y pierden la visión, yo le conocí directamente, en un cuerpo de carne, caminando con elegantes pasos sobre tramas regulares y escaleras que ya no recorre, ni recorro yo.

"Ella" contenía justo detrás de su esternón a la estrella más importante de nuestro sistema solar, y eso no le evitaba preocuparse por cosas mundanas, características de los seres vivos con los que ahora compartía y de los que se había vestido para conocer en esta ocasión el tercer planeta desde sí misma.

Tomaba clases en la universidad, me imagino que buscando conocer bien a los pequeños humanos. Allí fue que me la encontré, y al principio no sospeché nada, pero lentamente noté los rasgos distintivos de un astro solar: un brillo natural e intenso; la acción invisible de la gravedad, atrayéndome; ojos color sol, con resplandores ígneos que se clavan en tu alma y te cambian; una sonrisa que iluminaba los espacios de esquina a esquina, y que llegaba con fuerza a lo más recóndito de tu ser, eliminando la oscuridad en ti. 

Así pasé unos meses observando, notando estos detalles, comprobando que mis sospechas eran ciertas y que estábamos ante una estrella caída, y que esperaba no fuera fugaz. Y mientras más la observaba más me enamoraba de ella, porque esa es la naturaleza humana, porque el calor de esa estrella me había devuelto los sentidos.

No era una persona muy inteligente, al menos no en todas las cosas, y especialmente no en relaciones humanas, imagínese en relaciones extraterrestres, así que mi primer y único plan fue el de dejarme llevar de la gravedad y seguirla, como un planeta prófugo, en órbitas elípticas que tarde o temprano me dejasen interceptarla y declararle mi amor, y como bruto al fin, en cada giro y cada vuelta pregonaba una y otra vez mis sentimientos, y una y otra vez, desde la distancia, era rechazado mi empeño, pero no completamente... Guardaba y no perdía una refulgente esperanza.

Al final nos estrellamos el uno con el otro, en una zona solitaria de la galaxia, y mis humildes ruegos fueron escuchados, bajo una mirada de luz dulce, con esquirlas de los huesos de mi desesperanza, bajo aquel calor veraniego, y en la espera fulgurante mi corazón y mis costillas se encendieron en llamas que no se apagarán nunca. En ese lugar, en ese momento, cambió todo...

Porque una sola palabra, bien cortita, puede cambiar galaxias de lugar, planetas de óbita, romper átomos, crear vida. Y así pasó, en ese mismo orden. 

Así nació Brío.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Lo cotidiano


No conocía el por qué, pero todos los sábados, cuando el sol caía y se ocultaba nuevamente para dar vida a otras tierras lejanas y desconocidas que estaban sumerjidas en tinieblas ominosamente densas, del cielo caían diminutos diamantes que creaban un espectáculo impresionante cuando la luz anaranjada del alba atravesaba los prismáticos contornos de las gemas hasta que Apolo se perdía y el espectáculo acababa. Aún así, nadie parecía tomar en cuenta este evento, pues era cosa de todas las semanas, cotidiano, y por tanto ordinario. Los basureros, con máquinas bastante rústicas, recogían todas las piedrecillas para lanzarlas en algún hueco o sepultarlas donde no estorbaran. Nadie las veía como más que una impetuosa broma de la naturaleza, un imperioso designio de algo sobrehumano que parecía querer agujerar todos sus techos y sus cabezas.

Eran gemas muy preciosas, me dije, y pensé que en otras circunstancias, tal vez en otro mundo parecido a éste donde los diamantes no caigan del cielo con cronometrada sincronía, deben ser apreciados como míticas gemas y deseadas por todos sus seres, tan solo por la magia que produce la luz cuando atraviesa uno de sus pulidos lados y emerge por otro. Así como el carbón, tan opaco, es tesoro y prenda de todo habitante de esta tierra, el diamante, opuesto en todo sentido, pero compuestos del mismo elemento, debe ser algo maravilloso en alguna parte. Pero es cierto que aquello que se tiene en abundancia pasa desapercibido.

Me pregunto si en algún otro mundo el agua, tesoro de tesoros, será cotidiana, porque si hay alguno, me gustaría vivir allí.

Un ángel

Pido disculpas a mis lectores por mi absolutamente ridícula velocidad de actualización. Si fuera por mí, actualizaría dos veces por día, pero supongo que la cabeza no me da abasto, aún siendo tan grande como ya és.

No suelo hablar de mí en mi blog, suelo mostrar partes de mí, cosa que es imposible de evitar cuando alguien lee algo que uno escribe. No me gusta hablar de mí, me gusta abrir ligeramente la puerta y esperar, tal vez como Castel, algún alma que pueda ver. Velpister, mi querido amigo artista, me ha alegrado muchas veces al pararse repentínamente frente a la puerta y abrirla.

Hace unos días conocí a través de mi mujer el nuevo video musical de Within Temptation, grupo de gothic metal que sobresale de entre el poblado género por la voz peculiar de la cantante y sus líricas sobrecogedoramente buenas. A través del tiempo he comprendido que los géneros musicales, cuando se habla de buena música, son futiles y no logran captar la esencia de las cosas, más bien la limitan a extremos imponderables. Me parece ridículo que alguien exprese "Ella no se ve gótica" o alguna de esas cerradas oraciones cuyo autor desconoce en verdad que tan cerrado tiene la mente para pensar tal disparate. La buena música no tiene prendas específicas, ni estilos, ni peinados, ni modas. La buena música es anacrónica y trascendente.

Pero bien, con la constante moda de "tener la mente abierta" cosa que en general el populacho no comprende y exagera, siempre recuerdo la frase "No tengas la mente tan abierta que se te caigan los cesos", no se puede aceptar todo, permitir todo, como si todo fuera arte, bueno o válido. La verdadera razón del conocimiento está ahí, en el criterio.

Within Temptation suavizó sus guitarras para este tema, en el que se incluye la voz invitada de Chris Jones, cantautor inglés de voz profunda, creando Utopia, una canción que trata sobre el mundo, lo que está mal en él y lo que aquellos que guardamos justicia en nuestros corazones sentimos al respecto. Qué hermoso sería poder cambiar el mundo con una canción.

Comencé a hacer un dibujo y, sin darme cuenta, terminé plasmamdo a un ente muy parecido al sujeto genialmente vestido del video musical de Utopia. Aquí se los dejo:

¿Qué era él? Un ángel, atado de manos, esperando poder ayudar a que esa utopía se haga real.

Sé fuerte, amigo lector, incorruptible. Aunque parezca una utopía, podemos hacer un mundo en el que estemos orgullosos de vivir.


Utopia, por Within Temptation, con Cris Jones.

The burning desire
to live your own free
It shines in the dark
And it grows within me
You’re holding my hand but you dont understand
So where I am going, you wont be in the end
I’m dreaming in colors
Of getting the chance
Of dreaming of trying the perfect romance
The search of the door, to open your mind
In search of the cure of mankind
Help us were drowning
So close up inside
Why does it rain, rain, rain down on utopia?
Why does it have to kill the idea of who we are?
Why does it rain, rain, rain down on utopia?
How will the lights die down, telling us who we are?
Im searching for Answers not given for free
your hurting inside, is there life within me?
You’re holding my hand but you don’t understand
So you’re taking the road all alone in the end
Im dreaming in colors, no boundaries are there
Im dreaming the dream, and Ill sing to share
In search of the door, to open your mind
In search of the cure of mankind
Help us were drowning
So close up inside
Why does it rain, rain, rain down on utopia
Why does it have to kill the idea of who we are?
Why does it rain, rain, rain, down on utopia?
And when the lights die down, telling us who we are
Why does it rain, rain, rain down on utopia
Why does it have to kill the idea of who we are?
Why does it rain, rain, rain down on utopia
And when the lights die down, telling us who we are
Why does it rain?

Y para los que no son muy diestros en la lengua de Shakespeare:

El ardiente deseo
de vivir libremente
brilla en la oscuridad
y crece dentro de mi.
Sostienes mi mano
pero no entiendes,
así que a donde vaya
no estarás al final.
Sueño en colores,
en tener la posibilidad
de soñar que intento
un romance perfecto;
la búsqueda de la puerta
para abrir tu mente,
en búsqueda de la cura para la humanidad.
Ayúdanos, nos estamos ahogando
muy dentro nuestro.
¿Por qué llueve, llueve, llueve en utopia?
¿Por qué tiene que matar la idea de quiénes somos?
¿Por qué llueve, llueve, llueve en utopia?
y cuando las luces se apagan diciéndonos quiénes somos.
Busco respuestas que no se dan gratuitamente
dueles adentro, ¿acaso hay vida en mí?
sostienes mi mano pero no entiendes,
entonces tomas el camino por tí solo al final.
Sueño en colores, no hay ataduras allí.
Sueño el sueño, y cantaré para compartirlo
en búsqueda de la puerta
para abrir tu mente,
en búsqueda de la cura para la humanidad.
Ayúdanos, nos estamos ahogando
muy dentro nuestro.
¿Por qué llueve, llueve, llueve en utopia?
¿Por qué tiene que matar la idea de quiénes somos?
¿Por qué llueve, llueve, llueve en utopia?
y cuando las luces se apagan diciéndonos quiénes somos.

domingo, 24 de agosto de 2014

Los tesoros que descubrí aquel día

Escena de la película "Hugo".

Cuando la conocí me dirigía hacia un futuro completamente incierto, y por algún motivo, al verla, decidí andar tras suyo. No se si fuera su largo y hermoso cabello o sus ojos diáfanos y puros. Tal vez fue algo invisible a la vista, una ley natural, una gravedad que solo funciona entre ciertos seres.

Cuando la conocí algo cambió en mí. Fue como si en mis adentros iniciara su funcionamiento una maquinaria que se pensaba obsoleta o que, más bien, se desconocía completamente su uso. Entonces aquel aparato inició lo que fue un lento proceso de adecuación, de la total inactividad a una constante, a la máxima marcha que le permitían sus gastadas piezas sin uso. Esa máquina del cambio mejoró en eficiencia lenta pero ininterrumpidamente, llevando mi vida hacia los tesoros que descubrí aquel día.

Cuando la conocí eran las 11:15, en una escalera en lo que fue un cruce fortuito. Recuerdo que mis dedos se extendieron y rozaron la punta de sus cabellos. Ella ni me miró... y no me miró por mucho tiempo, incluso luego de ya hablar con regularidad. Y no era que no quisiera, sino que sus ojos eran tan agudos que solo veían las pesquisas de los adentros de la gente, limitándose a ver el exterior como el recipiente.

Cuando la conocí decidí seguirla siempre, aunque tal vez en ese momento no fueran las exactas palabras que pensé, pero hay cosas que se piensan sin palabras y se ejecutan sin consciencia. Aquellos días de mayo, junio y julio fueron de lluvia y de sol.

Cuando la conocí la perseguí con insistencia, la busqué en los huecos de las rocas y en la curva de los pasillos, en las aulas vacías y llenas, en la amistad y la inquietud, en su propio corazón. Al final, la búsqueda fue extensa... pero busqué en los lugares adecuados y encontré, más que una razón, un sol diurno y nocturno, de bondad inescrutable, en una pequeña y atractiva morada de huesos y piel en la que quisiera hospedarme para siempre.

Cuando la conocí me conocí a mí mismo, y ese es el mayor regalo que me hizo.

Cuando la conocí la amé.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Los sueños tienen tu rostro.

Cuando siento la cuerda del tiempo envolver mi cuello...
...recuerdo aquellas veces en las que nos sentábamos a escuchar nuestros latidos en silencio;
a ver las hojas que el árbol deja caer en libertad;
a ser nosotros.

Existen conceptos que son más amplios cuando se expresan juntos;
parejas representadas en toda la creación;
ejemplos de lo que se debe hacer...
relatos de lo que será.

Sé que aún en la noche más larga
podremos sentarnos a escuchar nuestros latidos en silencio,
a ver los suaves resplandores de nuestros ojos en las tinieblas
y ser nosotros.

Y es que sea lo que sea que hagamos
el tiempo siempre nos envolverá con su cuerda
recordándonos que  la vida es tránsito
y a la vez dándonos la certeza
de que hay cosas que prevalecen a la muerte.

Porque la vida es sueños. Porque los sueños tienen tu rostro.
Porque el sentir estas pasiones, que son sueños, que son tú,  nunca se doblegará u olvidará.
Con toda una vida por delante para ser felices, con toda una felicidad delante porque eres mi vida.

La vida  empieza nuevamente cada día, pues tan bien se conecta todo en este mundo, que la tierra es en todo reflejo de quienes la habitan.

sábado, 5 de enero de 2013

Luna de Plata.

Sobre una montaña enhiesta que se yergue como una gran nariz puntiaguda habitaba un dragón de escamas plateadas y resplandecientes, reposando sus eternos días, compartiendo el viaje del tiempo, sabiendo que todo por debajo de sí le pertenece.

Con ojos que ven más allá que ojos de elfo, observó a las pequeñas criaturas que dejaba poblar su mundo, construir palacios, derrumbarlos y volver a construirlos, en un ciclo humano e interminable. Vio bosques desaparecer y reaparecer, consumiendo todo vestigio dejado por aquellos pálidos intrusos y cargarlo de su propia estética y color. Vio pueblos en llamas refulgir como estrellas en noches frías de ónice, como ébano y luna de marfil. Vio, por eones, líneas dibujadas que sólo las lograban ver los hombres y que separaban sus hogares con recelo y desconfianza. Todo eso vio en un ciclo infinito, como él mismo, e incluso pudo verlo en otras realidades, en mundos de espejo, en nubes ardientes de carbón; pues era una criatura más que material y las barreras y puertas no podían detenerla, fueren cuales fueren.

Luna de Plata, como solían llamarlo las piadosas, era el último de su clase sobre una tierra dominada y limitada por la ciencia y al mismo tiempo la ignorancia, donde los seres como él perdían su fuerza y caían por el velo de la realidad a otros mundos más arcanos, de sueños primitivos y místicos. Pero no Luna de Plata, pues entendía que los reyes no abandonaban sus reinos. 

Aún recuerda él cuando los bosques estaban plagados de sueños andantes, llevando su esencia por los confines del mundo, siendo parte de él. Ahora sus memorias son el único vestigio de aquel reino mágico que olvidó a su soberano.

Pero nadie recordaba más que Luna de Plata, todas sus escamas guardaban el último atisbo de magia del mundo, una magia que muchos pensaban ya estaba extinta.

Y así era como, a kilómetros de aquella montaña casi infranqueable, un reino corrompido por la avaricia de los hombres discutía el destino de lo que sería el mundo que consideraban suyo. Éste había sido próspero y bueno con sus habitantes, pero pronto se verían enfrascados en una difícil tarea. El rey y sus consejeros temían a lo que desconocían; a lo que podría ser una amenaza para sus planes... Así, iniciaron una intensa campaña, ofreciendo grandes riquezas y honores a quien pudiera exterminar al último dragón: el último despojo del viejo mundo y el último obstáculo para el reinado de los hombres.

Las propagandas iniciaron exponiendo los grandes premios que recibiría el asesino de dragones... pero a la larga se convirtieron en excusas sensacionalistas, en mentiras sobre una maldad que Luna de Plata no poseía, de princesas raptadas y devoradas, y madres de oro y riqueza esperando al valiente héroe que pudiera exterminar a la bestia. Hablaban de fauces carmesí por la sangre de los inocentes, de que era un demonio en la tierra, de su apetito por los bebés recién nacidos e incluso cotejaban una supuesta relación entre el mal tiempo, la mala cosecha y la cercanía de "el demonio blanco". Pero la realidad es que aquel dragón, por más peligroso que se viera, no dejaba su montaña, no buscaba princesas ni oro ni devoraba bebés ni era un demonio... Luna de Plata tan solo quería preservar lo que representaba su existencia y no necesitaba nada más que eso.

De todas formas se vio atacado, una y otra vez, por insignificantes humanos protegidos por pequeñas hojalatas y grandes cuchillos, amenazándolo como un mosquito amenaza a un elefante. Solos o acompañados, o incluso en pequeños ejércitos, fueron a tratar de acabar con él, pero muy pocos podían aguantar el camino infranqueable que representaba llegar a su morada.

Pero los hombres eran astutos y obsesivos, y creaban cada vez herramientas más modernas para lograr su cometido y exterminar lo que no comprendían, ya fuera por avaricia, miedo o amor.

Las distancias entre el dragón y los hombres se fueron achicando y el desenlace de aquel asedio era se presentaba al horizonte. Pronto Luna de Plata se vería cara a cara con sus perseguidores y debería tomar una decisión. Era para él bien sabido que exterminar su esencia sería una tarea ardua y gastadora, pero no imposible, pues aunque era inmortal no era invencible y no poseía la agresividad innata de otros miembros de su especie ausente; en su naturaleza no estaban presentes la violencia o el desenfreno: esas eran actitudes más pertenecientes a humanos y criaturas de herencia inferior. Así fue que Luna de Plata decidió esperar en paz la llegada de sus ejecutores, erguiéndose sobre la pequeñez de éstos como el soberano que era de toda la tierra.

Para mantener la esencia mágica en el mundo, Luna de Plata escondió siete de sus escamas en siente diferentes puntos donde los hombres rehuían por sabiduría o ignorancia, y donde la magia había corrido en libertad en tiempo atrás. Las enterró como si sembrará semillas de esperanza. Visitó las ruinas abandonadas de los reyes élficos; se sumergió en las cascadas ascendentes; reposó en las amplias galerías de los señores de piedra, con sus vistosos murales y su arte de exquisito gusto; encontró, sin esperarlo, los diminutos vestigios de una ciudad de Leveluns (pequeños duendes de las hojas) que habían desaparecido hacía ya 300 años; se sumergió en la Meredith, la antigua ciudad de las sirenas; entró al corazón de un volcán que había sido por siglos el centro mismo de la magia ígnea; y visitó el lugar donde había nacido: una hermosa cueva de cristal que antes vibraba de energía y belleza, y que ahora era sólo un reflejo apagado de un pasada gloria. Al concluir sus viajes, Luna de Plata volvió a su lugar en el pico más alto y esperó tranquilamente la llegada de quienes pretendían acabar con la magia del mundo.

Los hombres descubrieron herramientas y crearon máquinas para trepar más rápido, para herir más profundo y desgarrar las heridas ya abiertas; así lo hace el ser humano toda vez que se ve en la necesidad de luchar: su imaginación y creatividad llegan a lugares insospechados y moran allí por los fines equivocados. 

Después de mucho errores se vieron en la cima, observando el mundo en su pequeñez, sintieron sus pechos apretarse en sentimientos que no comprendían. Pensaron, en una sola conciencia, que al morar aquí, el dragón demostraba su superioridad. El miedo y el rencor que habían sembrado creció en sus corazones.

Entonces los hombres blandieron sus armas y cañones, fabricados especialmente para esta batalla épica. Aquel batallón exterminó al dragón con fuerza y ferocidad más allá de este mundo, mientras el dragón acepta y comprende, sintiendo pena, no por su situación, sino por sus pequeñas almas. Fue entonces que Luna de Plata selló con su sangre el destino de la magia.

Al concluir su labor heroica, los hombres se sintieron satisfechos, habían acabado con la mayor amenaza de su especie (o así creían) y habían convertido en opacos platillos los blancos orbes de sus escamas. Pero de repente, aquella pronta satisfacción se desgarró en aullidos de pena, pues repentinamente sus ojos podían ver luz y belleza y apreciaron la noble bestia en su fin inmerecido; como si lo que fue invisible hasta ese momento se hubiera hecho visible por alguna razón misteriosa.

Todos, sin excepción, prepararon una tumba digna para tan bella criatura, la última de su especie en el mundo. En el tope de esa montaña, un pequeño faro fue encendido y en la piedra fue tallada la insignia: Aquí murió gran parte de la belleza del mundo.

Se dice que aquella llama nunca menguó.

Aquella montaña alta y delgada pasó a llamarse Faro de Luna de Plata y su luz pareció apaciguar la oscuridad en los corazones de los hombres y avisar sobre una nueva era de luz que estaba a punto de comenzar.

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 Epílogo~

A muchos kilómetros de distancia, en una profunda cueva, un hermoso retoño surgió de la tierra, como lo hacen las semillas nacientes, abriéndose e iluminando aquellas viejas rocas con luces iridiscentes, como si una aurora boreal se hubiese liberado de él, y de entre aquellas hojas blancas y cristalinas, como si de magia se tratase, surgió un gran y hermoso huevo de plata.

Fin












   

jueves, 3 de enero de 2013

Gravedad


La Luna y el Sol no son protagonistas extraños de la mitología y la fantasía, pero también son los protagonistas de esta historia que comienza en el solsticio de invierto, cuando la sociedad primitiva empezaba a adorar las estaciones como seres supraterrenales e imponentes.

Luna, como siempre, femenina y misteriosa, surcaba los cielos y las nubes como un dedo que dibuja en la arena; con delicadeza etérea y sin más razón que la de andar por el camino que le fue destinado. El Sol siempre la veía, hermosa, cabalgar en su carruaje de corceles de plata, con su blanca faz dirigida hacia la Tierra, enamorada de sus montañas y mares y de sus nubes, sobretodo de sus nubes, porque no había nada más hermoso en  toda esa galaxia: por eso ella lo había escogido.

Pero el Sol la quería, la observaba desde su trono, sin poder acercarse más allá de su lugar gravitacional, de su lugar en el cosmos. Odiando cada segundo de ello, imbuido de amor. ¿Soy un rey o un reo?, se preguntaba con motivos. Cuánto amor le profesaba y cuánta distancia los separaba... millones de kilómetros, cientos de miles de palabras no dichas, de conversaciones inventadas, de un amor que ni siquiera se conoce a sí mismo. Estaba el sol tan perdido en sí mismo que se sintió brillar menos, incluso podría decirse que se apagó por unos segundos para sopesar su pena.

La Luna, en la distancia, tan bella, desconocía aquel torrente de amor y flamas que la deseaban a millones de kilómetros de distancia, pero que eran aún así visibles, cálidos y reales, iluminándola y haciéndola brillar como un espejo galáctico. Sabía de ese rey que dominaba todo en este rincón del universo, pero no sentía curiosidad, no volteaba la mirada más allá... ¿Para qué hacerlo?, se decía, si tenía a su planeta con ella... No era un ser como ella, no pertenecía a la bóveda celeste, era lo que era y nada más, pero lo amaba así, silencioso y repleto de pequeños seres que creen ser el centro del universo... Pero el centro no son ellos... es el rey solitario de las llamas: el Sol.

Así fue como la Luna se dedicó a admirar a la Tierra por eones y eones, observando cada pequeño cambio, cada navío añorante, cada vida de aquel mundo pasar, deseando en lo más profundo de su ser que aquel planeta carente de conciencia, pero desbordado de almas vivas, despertase una conciencia que la amara.

Pero el tiempo pasaba, las órbitas eran recorridas y aquel extraño orden del universo se mantenía intacto. Por millones de años la Luna observó a la tierra y el Sol observó a la Luna y el amor se mantuvo en caminos de una sola dirección.

Entonces el Sol, cansado, abandonó la conciencia de sus llamas y decidió dirigirse, inmaterial, al encuentro de su amada, atravesando el espacio con la presteza del que no carga nada innecesario, sus esfuerzos se vieron bendecidos con la imagen cada vez más presta de quien lo había cambiado todo; pero mientras más se acercaba, más notaba que perdía el control y que su esencia aceleraba en colisión con la fría atmósfera terrestre.

Nunca se había sentido tan indefenso, tan débil... y sintió que su alma ardía como una estrella fugaz. Cruzó de la ionósfer a la superficie planetaria a una velocidad ridícula y su caída le llevó, como un corazón llameante, al centro cálido de la tierra, donde se sintió extrañamente en casa y se fundió con las rocas, la lava y los metales; se hizo uno con la sal, con los diamantes, con los fósiles sumergidos en fosas insondables; con el oro, el niquel, el cobre, la plata, el cobalto y todo lo que en la tierra yacía; y luego los mares se hicieron suave caricia sobre su nueva piel y enseguida empezó a sentir cada pequeña vida que palpitaba y existía sobre la corteza de tierra y metales y entre las moléculas de hidrógeno y oxígeno de los mares. Todas esas almas al unísono, conectadas con la suya, en una sensación indescriptible y totalmente desconocida. Los elementos fueron víctimas de su excitación: algunos volcanes hicieron erupción y temblores, huracanes y ventiscas cubrieron la tierra en un intenso paroxismo, pero ni un solo ser resultó herido, pues la bondad inmensurable de un rey tan viejo como el tiempo no permitiría tal destino para quienes siente tan cerca. Había sucedido algo increíble, la Tierra se volvió su coraza, dándole a esta fuerte voluntad un nuevo propósito y un nuevo fin.

La Luna se encontraba observando todo lo que ocurría y sentía que se estremecía entre el vaivén de las olas en las playas, el correr de la lava y los metales, el fragor de la brisa y de los mares, y la fuerza de la ventisca y de los temblores que recorrían intensamente la Tierra; y supo, al mirar con aquel acostumbrado amor, cuando aquel planeta al que había dedicado su existencia devolvió con una mirada todo lo que en todos los eones ella había entregado, que aquello que había pedido por tanto tiempo era ahora una realidad, y que su amor sería un idilio sin fin en un universo solitario, conocido por pocos seres capaces de ver más allá de las tres dimensiones y de viajar por mundos y sueños. Todo por encima de la pequeñez de los terrestres, pero todos ellos conectados en un amor tan eterno como el tiempo mismo.

martes, 1 de enero de 2013

El inicio del mundo.



Ya entrando el 2013 el mundo dejó atrás las interpretaciones sobre profecías mayas, pero no así a los calendarios que concluyen y se renuevan una y otra vez. Los festejos acostumbrados, las  felicitaciones sin amor, las típicas fotos familiares de reuniones que se realizan una o dos veces al año llenaron los huecos que dejó el año fallecido con pompas y globos llenos de escarcha. Todo seguía su rubro acostumbrado.

Pero había algo diferente, una sensación primero y luego todo, todo en absoluto. Esa sensación terminó convirtiéndose en mi mundo, en todo mi ser y en el motivo de mis peores miedos. Justo después del 21 de diciembre, mientras revisaba unos documentos, noté que en antiguos contratos mi firma era diferente a como la recordaba. Escudriñé todos mis documentos notando la misma diferencia en mi firma y pensé que tal vez fue un error de percepción o alguna jugarreta inconsciente; nada de qué preocuparse... Pero las cosas sólo iban a empeorar.

Me senté en mi escritorio de ébano de Seilán que obtuve en una subasta y que perteneció a H.G. Wells. Luego de unas horas corrigiendo textos académicos, uno de los tantos trabajos que realizo por motivaciones humanas y justificadas, rocé mi mano por la suave madera para notar, con desagrado, astillas que antes no estaban y una textura desconocida. Por alguna extraña razón mi escritorio de ébano ahora era pino pintado y mal terminado... pero esto no tenía sentido: todas sus gavetas se encontraban llenas de mis mismas pertenencias, incluso de unos pasaportes y dinero en efectivo justo donde los había escondido. Pensé en la posibilidad remota de que fuera una broma de mal gusto jugada por mi esposa, la única persona con la libertad para realizar tal hazaña, pero su sentido del humor suele ser diáfano y claro. Sea como sea, me dirigí a ella para expresarle mi consternación, y entonces mi corazón se detuvo unas milésimas de segundo que me parecieron eones infinitos de arremolinada materia y de un universo muy, muy oscuro. Mi amada, con la que había compartido casi 20 años de tranquila y feliz convivencia, no parecía ser quien era; su voz tenía un matiz ligeramente distinto, más alto y sonoro, como la voz humana de un ruiseñor; su cabello era más denso e irreconocible, oscuro y misterioso; sus lunares estaban desordenados, fuera de sitio, en lugares de su piel antes claros y familiares; pero sus palabras sonaban a las suyas, su manera de acariciar mi cabeza era la misma, pero mi consternación era inencubrible.

Salí fuera con la certeza de no dejarla preocupada y caminando por la plaza noté un cambio de orden en las antiguas tiendas de la ciudad, como si hubieran sido barajadas demasiadas veces y su orden original se hubiera perdido. Pasando frente a la brillante vitrina de la mal ubicada librería me miré noté a alguien similar a mí dentro, y cuando volví la marcha a ver quién era, me topé con un reflejo ajeno y que me pertenecía. Hasta yo había sido víctima de esta broma pesada de dios o de quien sea que fuere responsable. Sus ojos eran más grandes y se hallaban más altos dentro de su cavidad osea, sus manos eran ligeramente más largas y delgadas, su nariz más baja, sus lunares todos perdidos. Se dedicó tanta contemplación que el encargado se preocupó seriamente porque le espantara la clientela al pensar que era algún loco, y con la sorpresa que sigue al ensimismamiento retomé la marcha ahora más preocupado que nunca.

Todo había cambiado, algunas cosas ligeramente, de manera casi imperceptible, como si se hubieran hecho nuevamente a partir de un plano inconcluso o errado, mi vieja casa familiar se encontraba una calle arriba de donde solía estar, las plantas del jardín, reconocí, no pertenecían siquiera a esta zona geográfica, pero poseían similitudes a las que sustituyeron. El viejo refugio antibombas que construyó mi padre no estaba a la vista, como si hubiera sido omitido en un registro inmaterial, y fuera olvidado.

Volví a mi casa, pero decidí meditar en el techo, donde no pudieran interrumpirme, encontrándome con una escalera que ahora era más corta y que dificultó la llegada a mi destino, pero sin más contratiempos llegué y me dediqué a observarlo todo... Todo lo que ya no era lo que era, todo lo que era distante, ajeno, toda una historia aparentemente falsa. Sería él quien pensaba que era, sería su esposa de quien se enamoró hace tantos años, sería su casa aquel lugar impregnado de ellos que tanto había significado, que salvó sus vidas. Las dudas se amontonaban y amontonaban sin respuestas.

Tal vez el mundo sí se terminó junto a ese fatídico calendario de una cultura fallecida... Tal vez todo el mundo que conocíamos ya no está y fue sustituido por una mala réplica de la que todos somos piezas esenciales, pero en las que el hacedor fue torpe y descuidado... Tal vez todo lo que el hombre hizo hasta ahora ya no existe, todos sus méritos materiales y todo lo que poseyó es ahora otra cosa menos vistosa. Quien sabe cuántos conceptos, ideas y libros fueron erróneamente copiados en esta altertierra, en esta mentira que ahora habitamos como malas fotocopias de quienes fueron nuestros originales; cuántas ideas magníficas se perdieron y cuántas historias jamás volverán a ser leídas como fueron escritas.

Cuanto siento hemos perdido... ¿Somos acaso humanos todavía? ¿Podría nuestra estructura genética haber sido alterada o mal registrada en aquella copia de seguridad de la que fuimos reproducidos?

Todo el mundo se siente diferente, irreconocible para mí, porque no es el mundo que recuerdo: ahora es el mundo que tengo. Quién es ahora mi persona será algo que responderé con el tiempo, quién es la persona que amo será algo que tendré que redescubrir... Tan sólo espero tener la suerte de que todo no sea tan distinto y registrar para la raza humana todo lo que ya no es como era, todos los cambios de esta tierra alternativa y desconocida. Esa será mi responsabilidad de ahora en adelante. La verdad debe conocerse, tal vez no la verdad que creo poseer, pero sí la verdad de que toda la tierra es una tierra diferente, que nuestro cielo es otro cielo y nuestros mares otros océanos de misterio.

Es mi responsabilidad como el observador; mi destino que ahora empieza; mi camino y espero, el inicio de una tierra distinta, pero mejor.

viernes, 17 de febrero de 2012

Viernes 17 de febrero...


El viernes 17 de febrero es la fecha del acto de entrega del 2do. Concurso de Minificción Ciudad del Ozama, en la Sala de Arte Ramón Oviedo, ubicada en el Ministerio de cultura (Av. George Washington esquina Presidente Vicini Burgos, Sto. Dgo.).

Dentro de este concurso obtuve una Mención de Honor por mi cuento "El Proceso". Están invitados, aquellos que puedan asistir, a este pequeño triunfo en la carrera de este escritor.

Mañana les traeré un nuevo capítulo de La indescriptible aventura de Dimitri DuFou.

Hoy les dejo con un pequeño poema:

Anónimo

Pergeñada, abúlica
insípida es la mentira.
No florece en la adversidad
como dicen del amor.
No conoce, no aprende.
Más bien desconoce.
Es esclava ineludible del malrecuerdo.
Y pasan 10, 20, 30 años...
y se pierde la razón de la mentira.
Algunos incluso empiezan a dudar
Y termina, entre la duda
convirtiéndose en verdad.

Y si el hombre es su historia
y su historia es una mentira...
¿qué le queda?
Es un hombre o es un mono
o tal vez algo más
sacado de un agujero en la playa
donde dormía y reposaba
esperando...

Y si somos hijos de verdades
o mentiras confundidas
y si conocemos el mal
ya no importará más.

domingo, 12 de febrero de 2012

La indescriptible aventura de Dimitri DuFou - Capítulo 1



Recuerdo que cuando era niño me hacían tenebrosas historias acerca del malvado lobo que habitaba en el bosque. Nos lo describían como un cánido enorme y peludo, del tamaño de un oso, que blandía a voluntad las sombras del bosque y las usaba para ocultar su diabólica faz. Se dice que donde sea que pasa la oscuridad le acompaña, como si más que un hecho aislado, existieran debido a su presencia. También hablaban de un apetito insaciable que le permitía devorar a un niño de un solo bocado con su enorme mandíbula bestial, llena de afilados colmillos.
Ahora, habiendo nacido en un pequeño pueblo, la mayoría de los vástagos resultaba más bien impresionable. Cuéntales una historia de una maldad incomprensible y se limitarán a aceptar secamente que el bosque no es lugar para ellos. Así le pasó a mi padre y a su padre y al padre de su padre, y así, sucesivamente. Todos se limitaban a lindar por los llanos, las cosechas y las praderas, pero ninguno se atrevía a tocar siquiera los árboles del bosque donde se suponía habitaba el lobo.


A veces alguna enredadera salvaje se lanzaba al ataque contra una pequeña choza, y cuando esto pasaba, la choza era desarmada al dedillo y reensamblada muchos metros de distancia de ese insignificante suceso.


En cuestión de 10 años casi todas las casas se habían movilizado, con sus maderos gastados y llenos de clavos doblados y agujeros, y el espacio entre casa y casa se había transformado en un sendero estrecho en el que un adulto apenas podía cruzar erguido.


Existe un viejo cuento sobre una niña que se adentró en el bosque y volvió sana y salva. Hace cinco generaciones la pequeña vástago de la antigua familia Landreaux se adentró, dicen por aburrimiento, en  la más espesa espesura del bosque (¡sí! Espesa espesura) y lo que parecía ser el fin de la niña, pues la leyenda del lobo es más antigua que la propia aldea, terminó siendo el principio de una nueva era. Una era de miedo.


Se dice que la pequeña volvió, y que toda la familia se fue de la ciudad para nunca más asomarse. Aún queda en pie su antigua casa, con grandes pilares de gruesos troncos a los que nunca se les retiró la corteza y en su fachada una señal que porta su nombre orgullosa: "Villa Hena".


Nunca se supo qué le pasó a la niña exactamente, pero la especulación no se hizo esperar. Algunos decían que habían salido presurosos a buscar alguna magia o medicina que curara a la pequeña de su terrible trauma, mientras otros sugerían la presencia de una verdadera enfermedad contraída en la espesura. Existía el rumor de que la experiencia había producido un miedo tan grande en la joven familia que decidieron alejarse para siempre, perderse lejos de todo lo que conocían y empezar de nuevo.


Yo por mi parte no creo en ninguna de estas versiones y, a veces, me escabullo entre las grandes ventanas de madera de Villa Hena y me dedico a leer en su enorme biblioteca.


Sí, admito que sé leer, es algo que siempre me ha gustado, y si no fuera por estos libros abandonados y encamados entre el polvo y el descuido, pienso que ya habría olvidado el cómo hacerlo.


Ahí me enteré de muchos relatos de increíble factura que abrieron mi mente a la posibilidad de dedicarme al oficio de plasmar historias. Mis padres nunca lo entenderían, pero no me importaba. Me conformo con tener ese pequeño y tal vez irrealizable sueño.


¿Pero cómo iniciar a escribir sin haber siquiera experimentado algo digno de contar? Muchas de esas historias hablaban de dragones, magos, brujas y gnomos. Algunas describían supuestos animales reales, habitantes de lejanas regiones, ocultas tras montañas casi infranqueables y meses de ininterrumpida travesía, y mientras más leía, más sentía que debía producir una aventura que me perteneciera.


Por este motivo escribo esta carta, para que, si no vuelvo con vida, todos sepan que me adentré en plena voluntad, que nadie me obligó, que estaba, como la niña Landreaux, aburrido, y que necesitaba, desde lo más profundo de mi persona, de mi máscara, observar otro paisaje que no fuese el desvencijado pueblecillo de estrechos caminos y casas idénticas. Aprecio mucho lo que me han dado y ofrecido, padre, madre, pero lamentablemente eso no es para mí. Espero que nos encontremos de vuelta en esta vida o en la otra, junto a Dios. Espero y él no este muy enfadado con mi manera de desobedecerlos. Si es que no vuelvo, y no estoy diciendo que no lo haga, recuerden siempre que los amo como toda semilla ama su fruto.


Adiós. O mejor dicho: hasta pronto.

Su hijo,

Dimitri.

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Acabo de dejar la carta junto a la mesa donde mi padre cura el cuero y lo prepara. Mi madre me observó por unos instantes y temí que había previsto mi plan maestro, pero me dedicó una tenue sonrisa y continuó con sus labores. Se volvería loca si supiera lo que llevo maquinando desde hace ya tantos años. Desde la primera vez que leí un cuento.

Escribir la carta me tomó algo de esfuerzo, pues era el trabajo intelectual más extenso que había realizado en mi vida. Y, aunque no he vivido mucho (15 años y contando), fue realmente difícil encontrar las palabras que consideré adecuadas. De todas formas, ahora me embarco en un proyecto aún más grande. Tanto que llega a asustarme. ¿Tendré la madera para convertirme en quien deseo ser? Eso sí, ¡no pienso conformarme con un quizá!

A partir de este momento mantendré este pequeño diario en el que escribiré, practicaré y reescribiré mi experiencia hasta convertirme en el mejor escritor de la historia.

Está bien, tal vez eso sonó algo pretencioso; pero es verdad, me esforzaré, y trabajaré hasta la deshidratación y el hambre. Prometo que ni siquiera notarán mi falta de habilidad y mi esfuerzo sobrehumano al no conformarme con sonar como un ignorante niño de pueblo.

¡Es hora de comenzar la aventura! Terrible lobo de los bosques, no te temo y me enfrentaré a ti como alguna vez lo hizo una pequeña niña y volveré a salvo. Averiguaré la verdad y mantendré el pellejo intacto, y si fallo, no merecía la vida que anhelo y quiero. Esta es la primera aventura de muchas, y por eso te digo: ¡no te temo!

jueves, 9 de febrero de 2012

Aún no tengo prisa.

"Campesino quemando maleza" de Vincent Van Gogh.

No tenía nada de prisa, pero eso parecía no importarle al encargado. Parecía como si quisiera desquiciarme con sus insistentes embistes, no dejándome apreciar los detalles del camino.

Nací simplemente una tarde calurosa de un verano ya perdido a la vuelta de la esquina. Mis ojos se cerraron una vez y al abrirlos me di cuenta que ya el inocente tiempo de la escuela había pasado, que la universidad era alimento de peces de la memoria, cuando todo esto era en mí un recuerdo aún no cuajado.

Pestañeé por nueva vez y en lo que el párpado recorría los escasos milímetros hasta cerrarse, me di cuenta que mi matrimonio ya era una vieja historia, que mis vástagos ya eran grandes personas para mí desconocidas, y mientras se abrían nuevamente tuve nietos, pequeños y rollizos, nunca supe sus nombres.

Entonces decidí oponerme a tan nefasta maquinaria, endemoniada carga y pesar de los mortales, pesadilla enmascarada en sueño, quería poder decir que fue la última vez que fui su víctima.

Pero no fue así.

Por más que traté de mantener los ojos abiertos, en un pequeño momento fui esclavo nuevamente de la forma en la que la vida está hecha.

Cerré mis ojos por última vez, mientras la vida me arrollaba y me eximía de sus derechos. Recuerdo las voces susurrantes, lejanas y ausentes de quienes eran para mí más importantes. Creo que finalmente pude reconocer a la persona con quien compartí mi vida. Su voz era como la imaginaba. Su rostro un vestigio desconocido en una memoria ya atrofiada. Su caricia, lo que más me hizo sentir vivo.

Y así, en pensamientos que nunca pude compartir, concluyo este teatro tragicómico de mal gusto. No es que sea ingrato. Sé que la vida es algo precioso. Pero, ¿por qué es tan rauda y vertiginosa? ¿Por qué tan frágil? En estos preciosos momentos en los que tengo la fortuna de aún contar con mi voluntad, deseo compartir una sola cosa: un consejo. Mantente atento. La vida pasa muy, muy rápido. Despierta. Levántate. Haz que valga.

martes, 7 de febrero de 2012

Vivir es estar contigo.


"Noche Estrellada sobre el Ródano" de Vincent Van Gogh.

Dedicado a Trigal Morales Pou.
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Acepto que hay cosas que siempre he querido contarte y no he podido.

Por ejemplo, pasa que cuando estoy muy feliz y tranquilo, canto y tarareo cualquier cosa. A veces una tonada conocida, otras una nueva pieza sólo mía. Canto y me siento que todo es posible, incluso ser feliz. Siempre me encuentro cantando antes de ir a verte.


Confieso y siento que me ayudas en tantas cosas. Las tareas diarias no resultan tan tediosas. Me he metido poco a poco en la cocina. Exagero con el ajo y la verdura. Lavo los utensilios cuidadosamente. Me siento a envejecer. ¿Dónde estuve antes? ¿Dónde estoy ahora? ¿Dónde estaré?


Cuando te pierdo de vista en las noches, la existencia de un cielo pierde sentido. Mi andar se vuelve lento y confuso y me pregunto varias veces ¿hacia dónde me dirijo? La respuesta es una mueca sorda.

Y tantas, tantas cosas que escapan a mi memoria.

Admito que no me siento completo. Como un proyecto inacabado. Quisiera ser una empresa iniciada. Poseo cosas ya no tan comunes: fe, fuerza, amor, vida, sueños, belleza que compartir...

A ti.

En palabras, oraciones y versos que siempre escribiré.

Y me entristece y me llena de felicidad. Me recorre la dicha y la desdicha.

 Y me siento bendecido, porque vivir es eso. Vivir es estar contigo.

Dejaré esta carta envuelta en la sombra de tu ventana para cuando despiertes. Buenas noches dulce luz de mi vida, inocente astro, vida espesa y pura, y dame fuerzas para este nuevo día.

jueves, 10 de marzo de 2011

Dignidad

Su jeta asemejaba enormemente a la de un sapo. Sus modales eran inexistentes. El verlo era casi tan desagradable como tratar de comunicarse con él. Aún así, dependía yo de esta "persona" y estaba atado a él con grilletes de dinero. Me asqueaba, era cierto, porque nada le era suficiente, porque no parecía hablar el idioma de la verdad o la sinceridad, porque era mezquino, rancio, falso y ruin. Porque hablarle era inútil, y así me vi, atrapado por la vida en un temible cráter. Atrapado sin escape dentro de la boca de un sapo ...De dos sapos.

Lo único que tenía era dinero, y ya ven lo poco que vale éste cuando la humanidad se pierde. Porque humanidad no es aquello que hace ominoso el mundo, humanidad es en el hombre el mismísimo concepto de la justicia.

Esa es la dignidad que me mantiene con vida, que me hace sufrir, que me mata.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Mi sombrero y sus ventanas.


Es curioso como aún desconozco si existe o no un dios, pero creo en mis entrañas que todo este maravilloso mundo no puede ser producto de un azar tan oportuno. Y todo eso por ti, mi sombrero, y por tus grandes ventanas.

Ahora me siento dios de pequeñas cosas. De un cordón bien anudado, de una línea hecha a pulso extremadamente recta, de un trabajo exitoso, de mis textos. Textos que escribo con las plumas multicolores de las aves, con el sopor indignado del mar llano, con la pérdida de la memoria que me acosa, con el pasado del que apenas me acuerdo. Y entonces me siento como un caballo con anteojeras, que desconoce el paisaje más allá del objetivo, y me revoluciono. No puedo no fijarme en los detalles del camino, pues con elllos es que justamente nutro lo que creo.

No es que sea el dios más justo, pues muchas veces mis hijos sufren mis caprichos y estados de ánimo. A veces creo a un gran hombre, orgulloso de su existencia imperfecta, tan sólo para lanzarlo por el acantilado y terminar la historia. A veces calco desde mi psique a seres abismales, bosconianos, deformes, abominables, seres sin ojos, sin manos, sin objeto, pero con alma. Y me digo, ¿por qué crear a estos seres en cuya existencia sufren el dolor de lo inútil? Para enseñar, para compartir, para guiar. Pero desconozco ya para enseñar qué, para compartir con quién, para guiar a dónde. Ya nisiquiera pregunto si comprendieron algo. Me conformo con ser incomprendido.

Mas no estoy sólo, pues siempre hay dos o tres especímenes de extraña factura que contemplan y entienden en silencio. A esos dedico mi teogonía. A mi sombrero y sus ventanas.

lunes, 29 de marzo de 2010

AQUELLO QUE ES MÁS IMPORTANTE + Dibujo de mi trigal.



Jack sólo quería una flor, una sola; pero ninguna floristería parecía poder cumplir su pequeño encargo. Cuando iba a aquellos coloridos edificios perfumados le ofrecían enormes arreglos, le preguntaban si eran para una boda o un difunto, le hablaban con jergas incomprensibles y apiñaban contra sus fosas nasales flores de mil formas, tamaños y olores, pero no una, no la flor que buscaba.

Jack estaba por rendirse, hasta que un día, cuando se dirigía a otra floristería pues no perdía la esperanza de encontrar lo que buscaba, un empleado sacó una tímida flor y la arrojó a la basura. Jack había sido el mejor atrapando todo tipo de cosas desde la secundaría. Se lanzó a por ella a una velocidad que dejó boquiabierto al empleado, a unas señoras que entraban y a un pequeñísimo ratón que observaba la escena estupefacto.

¡Esa es mi flor!, gritó Jack cuando ya la tenía en sus brazos. El empleado actuó como si desconociera el idioma en el que Jack se comunicaba, dándole la espalda y volviendo a su rutina tediosa de florista, con una duda insignificante, muy insignificante, sobre lo que había visto y no
llegaba a comprender.

Jack estaba feliz, la flor para su amada Trigal estaba con él. Y no es que Jack tuviera extrañas desviaciones que le llevaran a enamorarse de una gran plantación o “harem” de trigo, sino que el objeto de su adoración había sido nombrado de esa manera por su madre, que había soñado el curioso nombre. Algunos le llamaban Trigo. Otros, más creativos, le llamaban “hija de la tierra”, “hija del panadero” y muchos otros, en una especie de batalla campal en busca del sobrenombre más descabellado.

Trigal era como su nombre: fresca, sencilla y natural, además de otras virtudes que aún no se comprueban en los trigales o en cualquier tipo de sujeto vegetal, como inteligente, simpática, maternal, excelente conversadora (este sí que no se ha comprobado) y nutritiva (libre a la interpretación del lector). El hecho es que, para hacerla sonreír, Jack buscaba una flor, una sola, que cumpliera con los requisitos, que se pareciera a su querido tesoro.

Jack fue al hogar de Trigal, la llamó y escondió de manera pertrecha la flor a sus espaldas. Trigal emergió del interior como de una cueva, acostumbrando los ojos a una luz nueva y diferente. Jack se acerco y le doy su acostumbrado beso, y entonces: ¡ta-dá! Sacó el regalo de su escondite mal confeccionado y se lo entregó a su dueña legítima.

Trigal observó el regalo con sus grandes ojos marrones bien abiertos, como si lo escaneara, o por lo menos sus ojos brillaban como si lo hiciera, y la tomó con elegante parsimonia. La acercó a su nariz y percibió el aroma, entonces miró a Jack y sonrió.

Jack estaba feliz, eso era todo lo que había deseado. Trigal, por otro lado, pensaba en lo idiota que era Jack, en lo idiota que era SU Jack. Sólo de ella, como la flor única que él le regaló y que guardaría amorosamente junto a todo lo que le había regalado. Trigal sabía que todos ellos eran, más que costosas cenas, relojes o prendas, muestras supranaturales de que Jack la amaba.

Y vivieron felices para siempre, excepto cuando no lo estaban; pero aún en esos momentos se tenían el uno al otro y, gracias a eso, podían ser felices de todos modos.

Çe fini