Para usted, mi lector:

"Y los ángeles etéreos rehuyeron a sus hermanos abismales y con hipócrita agonía arrancaron sus extremidades anadeantes y consumieron sus esperanzas de llegar algún día al lugar del que fueron echados como despojo divino. Lo bueno es que, aún en el fondo, pueden haber momentos plácidos."

martes, 5 de mayo de 2009

De la misma manera



-Siempre terminas las historias de la misma manera. Es un error típico de los nuevos escritores o de los muy viejos, pero debes intentar dar un valor individual a tu obra. Una identidad a esto, que es lo que heredará tu voluntad cuando ya no estés aquí.

-No es como si te hubiera preguntado, es más, estoy seguro de no haberlo hecho.- Respondió el escritor, con su ego herido en los brazos, la espada desenvainada y el orgullo izado en tegumento de su propia y débil alma de escritor. El crítico obviamente no sabe de lo que habla, y su saliva es combustible para la incineración futura de su obra.

-No lo decía con intenciones mordaces, amigo escritor -dijo el crítico. -Sólo intento guiar tu noble espíritu hacia el camino noble, fuera de los errores de los que como tú intentaron el sublime oficio de la escritura. Nunca mis intenciones han sido tan puras, te lo aseguro.

-No me creo una palabra. Pues todo arte nace del hombre imperfecto y refleja por tanto la imperfección del hombre. Esto se vuelve una trinidad, dependiente entonces una de otra, arte, hombre e imperfección, formando uno solo y de ahí nacemos nosotros, torpes hijos de generaciones y épocas, nadando en aguas ya exploradas, sumergiéndonos en busca de una minúscula gota que no haya sido ya atisbada por nuestros antepasados y, sobre todo, buscándonos a nosotros mismos dentro de esa marejada gris que llamas sublime oficio. No hay sendero más abrupto que este y no hay atajos hacia donde conduce. Pero el mundo es salvo de la extinción de estos peregrinos, porque sea donde sea, bajo el sol opresivo, no hay necesidad más pura del espíritu que la de plasmar el papel lo que el alma llora. Nacemos, vivimos y morimos por este noble oficio de multiplicar la belleza y compartir aquella quimérica realidad individual que engalana la alienada realidad moderna de la que todos los vivos somos víctimas. Y ¿No es verdad, amigo crítico, que usted, como yo, desearía entregarse a los grises brazos de Morfeo y olvidar la existencia de la inútil sociedad humana, su democracia, su comunismo, su vulgar dinero y su falta de fe?

El crítico guardó silencio -Sí. -Dijo al final.- Nada es más frío que una mentira forzada, esa mentira que es la vida diaria en las grandes y podridas ciudades. -Y ambos, el escritor y el crítico, se dieron la mano y se abrazaron, porque habían encontrado aquello que tenía en común. Pero no pasó mucho para que el crítico tomara un afilado lápiz y se quitara la vida clavándo dicha arma, física y artística, en su delgado y pálido cuello. Mientras, el escritor lloraba por la muerte de su nuevo amigo. Él no lo entendía, por qué se había quitado la vida... Y luego lo supo. -Cierto, esta también es una de mis historias.

Fin


Lunes 04 de Mayo de 2009. Costelo Landró.
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